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¿Y la modernización de los autobuses, apá?

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Perla Ibarra
De todo y de nada
17/04/2026

Hace unos días el costo del transporte público aumentó un peso, junto con el banderazo en taxis.

Y sí, se entiende, la gasolina no deja de subir y menos el diésel, este último es el que utilizan la mayoría de los autobuses, cada vez más caro.

Sin embargo, lo que no se entiende es por qué ese aumento no viene acompañado de mejoras reales en el servicio.

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Las unidades siguen siendo las mismas, siguen deterioradas y sin el mantenimiento adecuado para su uso diario.

No es solo un tema de imagen exterior, sino de condiciones internas que afectan directamente a los usuarios, hay autobuses que no cuentan con rampas para personas con discapacidad, tienen timbres que no funcionan y, en muchos casos, unidades que desprenden humo al punto de volverse incómodas e incluso peligrosas.

A esto se suma la falta de precaución de algunos choferes, que arrancan antes de que los pasajeros terminen de subir, poniendo en riesgo su integridad.

Entonces sí, se puede entender el aumento, pero no se puede justificar que todo siga igual, no es lógico que los usuarios paguen más por un servicio que no mejora y que, en muchos casos, sigue siendo deficiente.

La pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo se va a normalizar esta situación?, ¿hasta cuándo se va a permitir que el transporte público opere en condiciones que no garantizan seguridad ni dignidad?

Si el costo sube, la calidad también debería hacerlo y no es una exigencia exagerada, es lo mínimo.

Los usuarios merecen un mejor trato, unidades en buen estado y un servicio que realmente esté a la altura de lo que están pagando, porque pagar más no debería significar seguir soportando lo mismo de siempre.

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