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Usted disculpe: Pemex.

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Quetzal Herrera Ruiz
La grilla del pájaro
21/04/2026

En este país ya estamos acostumbrados a que las crisis se administren primero con negación, luego con evasivas y finalmente con disculpas a medias. Lo ocurrido con el derrame de combustible en el Golfo de México es un ejemplo perfecto de ese manual de crisis mal ejecutado; pues primero se dijo que era menor, casi irrelevante, después que no era responsabilidad de Petróleos Mexicanos, sino de una empresa privada, y al final, cuando la evidencia rebasó cualquier narrativa, no quedó más remedio que aceptar lo evidente; pero el problema no es solo el reconocimiento tardío, sino el daño profundo que ya se hizo y la forma en que se pretende cerrar el tema como si bastara con señalar culpables menores.

Negación.
La versión oficial cambió conforme avanzaron los días, lo que exhibe no solo falta de información, sino una intención clara de “administrar” la verdad, porque no es lo mismo un incidente menor que un derrame con impacto ambiental considerable, y tampoco es lo mismo culpar a un tercero que asumir la responsabilidad institucional. En esa narrativa con escasos argumentos, Pemex perdió credibilidad, y cuando una empresa del Estado pierde ésta, el daño trasciende lo ambiental, porque se erosiona la confianza pública, se debilita la transparencia y se confirma la sospecha de que siempre se dirá primero lo que convenga políticamente, no lo que corresponda a la realidad de los hechos, y esa práctica, repetida una y otra vez, termina por normalizar la opacidad.

Despidos.
Los despidos anunciados como respuesta inmediata son, en el mejor de los casos, un gesto insuficiente, ya que tres funcionarios fuera no reparan un ecosistema afectado, ni limpian las aguas contaminadas, ni devuelven la certidumbre a quienes dependen del mar para vivir, ni mucho menos rescatan la narrativa oficial fallida, por lo que apostarle a ello como solución es una fórmula conocida que sirve más para despresurizar el escándalo que para resolver el problema de fondo, pues no se trata de encontrar “chivos” expiatorios, sino de entender por qué ocurrió el derrame, qué falló en los protocolos y quién supervisa realmente estas operaciones porque sin ese análisis serio y transparente, cualquier medida será apenas “maquillaje” administrativo, y lo más grave es que mal informaron a la Presidenta, y así fue como lo declaró.

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Impacto.
El impacto no se queda en lo ambiental, también golpea la economía regional, el turismo resiente de inmediato cualquier señal de contaminación, porque la percepción importa tanto como la realidad, porque playas sucias o en mal estado generan cancelaciones, reducen ingresos y afectan a cientos de familias que viven de esa actividad. Lo mismo ocurre con la pesca, que enfrenta incertidumbre y posibles restricciones, por lo que minimizar el daño desde el discurso oficial no cambia el hecho de que hay consecuencias económicas que tardarán en revertirse y que nadie está compensando con claridad; y ahí es donde la responsabilidad institucional debería traducirse en acciones concretas de apoyo, reparación y acompañamiento a las comunidades afectadas, no solo en declaraciones.

Costo.
Al final, el “usted disculpe” no alcanza para el medio ambiente, no alcanza para la economía local y no alcanza para una ciudadanía que cada vez exige más claridad, porque Pemex no es cualquier empresa, es un símbolo del Estado, y como tal, su obligación es actuar con transparencia desde el primer momento, reconocer tarde y a medias no es rendir cuentas, es reaccionar, y mientras esa lógica no cambie, cada nueva crisis repetirá el mismo guion, negar, desviar y finalmente aceptar. El problema es que, entre cada paso de ese guion, el país paga el costo, y lo más grave es que ese costo no lo asumen quienes toman las decisiones, sino quienes viven en las zonas afectadas, quienes dependen del entorno natural y quienes confían, cada vez menos, en las instituciones que deberían protegerlos con responsabilidad, seriedad y un compromiso público verificable.

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Egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García; conductor de los programas "El Pájaro Pregunta" y "Las Mañaneras del Pájaro"; columnista en el Órale Qué Chiquito.
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