
El pasado lunes, el gobernador Esteban Villegas ofreció una rueda de prensa donde adelantó algunas de las próximas acciones de su administración; entre ellas, dio un anuncio que como ya es costumbre desató una ola de opiniones: un puente largo de descanso.
Y sí, siempre habrá posturas encontradas, eso es sano, pero, lo que ya no lo es, es esa obsesión de algunos por encontrarle lo negativo absolutamente a todo.
Porque no importa qué se anuncie, si hay empleos, “están mal pagados”; si entregan patrullas, “es para extorsionar mejor”; si arreglan calles, “faltan cien más”, nada alcanza, nada sirve, nada embona.
Lo preocupante no es la crítica, esa siempre será necesaria, sino el tono, ese afán constante de desacreditar, de sembrar enojo, de empujar a la gente a una indignación permanente que no construye nada y es que parece que no buscan mejorar las cosas, sino incendiar el ánimo.
Un ejemplo claro fueron los comentarios en las redes sociales sobre este puente donde mencionaban que solo lo disfrutarán burócratas o “los bien acomodados”, que los pequeños comerciantes perderán, y con eso, lo único que demuestran es una visión corta del panorama.
La realidad es que la economía no se detiene porque no haya clases, muchos emprendedores no dependen únicamente de una escuela, se mueven, venden en tianguis, en el centro, en espacios donde, precisamente en días de descanso hay más flujo de gente, mientras unos ven problema en todo, otros encuentran oportunidad.
Además, estos días no llegan solos, también se anunció el Festival de la Risa en el centro de la ciudad, una iniciativa que invita a las familias a salir, convivir y consumir local y eso también es movimiento económico y también cuenta.
Aquí el punto es claro, criticar es válido, pero vivir instalados en la queja permanente no; Durango no avanza con comentarios incendiarios ni con narrativas que solo buscan golpear.
Y antes de que salga el típico comentario, no, no recibo un peso del gobierno; como muchos otros, hago mi trabajo sin línea ni paga oficial, pero eso no me obliga a sumarme al coro de negatividad automática.
Porque una cosa es cuestionar, y otra muy distinta es descalificar por deporte.
Y sí… al que le quede el saco, que se lo ponga.