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CON TOÑO ENCABEZANDO, CONTINÚA DANDO RESULTADO LA IMPLEMENTACION DEL PRESUPUESTO PARTICIPATIVO

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Los presupuestos participativos son una excelente práctica para promover un modelo de gobernanza más transparente y colaborativo. Estos pueden tener importantes beneficios tanto para los gobiernos locales como para la sociedad civil: mejoran la transparencia, estimulan la participación ciudadana y fortalecen redes. Cada municipio tiene su propia fórmula, pero en general, un presupuesto participativo es un mecanismo por el cual la ciudadanía contribuye a definir el destino de una parte de la inversión pública. Es decir, se deja una parte del presupuesto en manos de la ciudadanía para que estos puedan definir sus prioridades y mejorar así sus condiciones de vida a corto y largo plazo. Al implementar un proceso participativo como este, todas las calles, barrios o comunidades rurales del municipio que participen, acaban siendo beneficiarios de la acción. Cuanta más movilización social haya, más beneficio tendrá el usuario que propone la idea. Gracias a la visión del alcalde Antonio Ochoa Rodríguez, en el municipio de Durango ya se han realizado dos ejercicios para dar a conocer e implementar el llamado presupuesto participativo, lo cual convierte a Toño en un Presidente Municipal ciudadano, que escucha a sus gobernados y atiende sus demandas y necesidades sin imponer nada, solo escuchando y resolviendo. Sin embargo, existen algunas condiciones básicas para implantar un presupuesto participativo en un municipio, que sin ellas sería prácticamente imposible aterrizar el programa. Lo primero y más importante es que exista una voluntad por parte del equipo de Gobierno del municipio para iniciar la acción. Lo cual en el caso del gobierno que encabeza Toño Ochoa es asunto resuelto, pues desde el primer día de su administración, Toño ha mostrado una cercanía con la ciudadanía, lo que ha generado confianza mutua. En el caso del presupuesto participativo, esta voluntad deberá de mantenerse durante todo el proceso, pero, sobre todo, a la hora de cumplir los compromisos acordados con la ciudadanía. Si el alcalde o alcaldesa pacta que habrá un evento final en el que los ciudadanos y ciudadanas podrán debatir las tres propuestas más votadas a voz alzada, este evento deberá de realizarse tal y como se acordó. Además, las autoridades deberán de cumplir con lo prometido y utilizar parte del presupuesto municipal para atender las acciones que salgan elegidas por la ciudadanía según su viabilidad. Una segunda condición básica es el interés ciudadano. La ciudadanía siempre va a estar dispuesta a ser escuchada, pero para que el proceso participativo funcione hay que generar una confianza previa. Esto es fundamental para la sostenibilidad del proyecto. Si la población ve que funciona y que el Gobierno local está comprometido con la escucha activa, la participación en los presupuestos participativos será un éxito. Prueba de ello es que este modelo recién implementado en Durango ha llegado para quedarse, lo cual, desde ya, constituye una de las grandes aportaciones al gobierno municipal de Toño Ochoa. Una de las múltiples formas de acabar con las desigualdades es a través de la implementación del presupuesto participativo, pues con ello se le da voz a todo el conjunto de la población, sin distinciones de género, edad, nivel socio económico, etc. La aplicación del presupuesto participativo persigue cuatro objetivos: la rehabilitación de infraestructura en las colonias, la reconstrucción del tejido social, la realización de proyectos con recursos del presupuesto participativo y garantizar que cada año se realicen ejercicios de consulta y de deliberación pública. En pocas palabras, con la implementación de este exitoso programa, Toño Ochoa está transformando realidades.

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