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SALVO EN MÉXICO, EN NINGUN PAÍS DEL MUNDO, LOS CIUDADANOS CREEN QUE UN POLITICO SE VUELVE HONESTO PORQUE SE CAMBIA DE PARTIDO

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En México, el transfuguismo político es una moda o practica reciente. Los tránsfugas, principalmente priistas, han contribuido al cambio político desde las últimas décadas del siglo XX a la fecha. En efecto, durante el régimen presidencial priista (1929-2000) el transfuguismo no fue un problema pues la disciplina, la unidad partidista y la lealtad hacia la línea presidencial, funcionaron en gran medida para consolidar la clase política del llamado partido hegemónico. Al que traicionaba al partido se le castigaba en sus aspiraciones políticas. Pero resulta que, desde hace poco más de veinte años, el transfuguismo o andar chaqueteando es parte de la forma de hacer política, ya que está comprobado que la deslealtad o la disidencia partidistas resultan ser rentables. En sentido gramatical, tránsfuga es aquella persona que huye de una parte a otra, entonces el tránsfuga político será aquel que pasa de un partido a otro, independientemente de las causas, el móvil y las circunstancias. La conducta transfuguista, consistente en decidir cambiarse de partido para ser postulado por el otro, es una circunstancia personal que depende de la voluntad de cada quien. Es el tránsfuga el que decide conforme a su voluntad motivada por diversas razones (inmorales o no) ser presentado a las elecciones por un partido distinto al que pertenece o haya pertenecido. Los conceptos vertidos líneas arriba de este artículo se escuchan muy académicos, cuando en el argot popular se le reconoce de otra manera. Los individuos que sin ideología alguna cambian de partido de la noche a la mañana se les conoce como chapulines o chaqueteros y lo peor, estos brincolines piensan que por ese solo hecho la ciudadanía ve a pensar que los tocó el Santo sudario y se transformaron en finísimas personas y ciudadanos ejemplares y lo que es peor, aun, nuestro país es el único caso en donde muchos ciudadanos creen que, por cambiarse de partido, un político se convierte en inmaculado. El juego de las traiciones y simulaciones a la hora de hacer política se ha vuelto una conducta muy recurrente. Al tránsfuga, brincolin, chaquetero y chapulín, se le asocia con los aspectos más negativos de la naturaleza humana: traición, deslealtad, codicia, oportunismo, avaricia, doblez. Desde luego que existen contadísimos casos en que esta conducta puede ser considerada como una virtud cívica, siempre y cuando sea para romper y oponerse al grupo del poder y al mismo tiempo promover el cambio político y democrático del país. Para la inmensa mayoría de los mexicanos, los políticos que cambian de partido como cambiar de ropa o de cachucha y peregrinan de un partido a otro, son individuos o oportunistas y sin principios, lo cual resulta muy sencillo de comprobar, bastaría con preguntarles cuál es su ideología, para darnos cuenta que, para los migrantes partidistas, conocer y aprenderse de memoria los principios, estatutos y fundamentos del nuevo partido al que se afiliaron, es lo que menos importa. Cuando un político de estas características anda cambiando de partido como de ropa interior, ¿qué seguridad o qué certeza podemos tener los ciudadanos de perfiles de esta naturaleza? Los políticos nómadas no se convierten en personas creíbles, honorables o decentes solamente por el hecho de cambiar de chaqueta, esa idea solamente en México se toma en cuenta y muchos hasta creen que el hecho de que un político se cambie de partido lo convierte en un político diferente. Por eso es importante destacar que Xóchitl Gálvez siempre ha sido panista y no lo niega, mientras que la Doctora Claudia Sheinbaunm siempre ha militado en partidos de izquierda y nunca ha cambiado de ideología. Pobre México, pobre Durango, está lleno de mercenarios y lo más triste, lamentable y grave es como dice el dicho, pensar que con estos bueyes tenemos que arar.

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