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ALEJANDRO MAGNO NO PUEDE RESUCITAR PARA DESATAR EL NUDO GORDIANO DE AYOTZINAPA…YA ES HORA DE TERMINAR CON ESTE ASUNTO

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Gordio era un labrador de Frigia (actual Anatolia, en Turquía) que tenía por toda riqueza su carreta y sus bueyes. Cuando los frigios decidieron que necesitaban un rey consultaron al oráculo y éste les respondió que se escogieran al primer hombre que vieran subido en un carro. Aquel hombre fue Gordio que una vez proclamado rey de Frigia, fundó la ciudad que lleva su nombre y, en señal de agradecimiento, ofreció al templo de Zeus su carro y ató la lanza y el yugo con un nudo cuyos cabos se escondían en el interior, tan complicado según cuenta la leyenda que nadie lo podía soltar. Cuando Alejandro Magno se apoderó de Frigia, supo que una antigua tradición prometía el imperio universal al que desatara aquel nudo. La leyenda popular cuenta que cortó el nudo con su espada. El término “nudo gordiano” ha permanecido en el lenguaje para dar nombre a una dificultad que no se puede resolver, a un obstáculo difícil de salvar. Y “cortar el nudo gordiano” significa resolver tajantemente y sin contemplaciones un problema. La noche del 26 de septiembre de 2014, en Iguala, Guerrero, tuvo lugar uno de los más emblemáticos episodios de violación a los derechos humanos en la historia reciente de nuestro país. Los hechos sucedieron cuando un grupo de estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, de entre 17 y 25 años, acudió a la ciudad de Iguala, Guerrero, con la finalidad de “tomar” autobuses que requerían para participar en la conmemoración del 2 de octubre. El 26 de septiembre la respuesta de las autoridades no fue la ordinaria, ya que policías municipales de Iguala abrieron fuego contra los estudiantes para impedir que salieran de la ciudad con los autobuses. De esta manera, auxiliados por otras corporaciones, los policías lograron cerrar el paso a cinco autobuses. En esos dos escenarios fueron detenidos 43 estudiantes que posteriormente habrían de ser desaparecidos. El saldo de la cruenta noche de Iguala fue brutal: 43 jóvenes estudiantes que siguen desaparecidos; 6 personas ejecutadas, entre ellas 3 normalistas, incluyendo el caso de un joven cuyo cuerpo apareció al día siguiente en un paraje inhabitado con claras muestras de tortura, al menos 40 personas fueron lesionadas. En total, más de 180 personas fueron víctimas directas de violaciones a derechos humanos esa noche y alrededor de 700 más resultaron víctimas indirectas, considerando a los familiares de los agraviados. Desde entonces han transcurrido diez años y no hay para cuando se resuelva el asunto. Recientemente los alumnos, padres, infiltrados, aprovechados y los que patrocinan y mantienen viva la exigencia de VIVOS SE FUERON, VIVOS LOS QUEREMOS, rompieron con lujo de violencia una puerta de madera de Palacio Nacional. Los inconformes han acudido a otras dependencias de gobierno, tanto federal como del estado de Guerrero para cometer desmanes. Qué demonios hace falta para de una vez por todas resolver este problema, ni modo que Alejandro Magno resucite para desbaratar lo que ya se considera un nudo gordiano. Es muy simple, pero extrañamente el gobierno de Peña Nieto y el actual no han tenido la capacidad o voluntad para decirles a los inconformes la verdad por muy cruda que esta sea. Es muy sencillo, no es necesario que venga Scotlan Yard a investigar, con los elementos que existen, es decir videos, testimoniales, bitácoras, investigación pericial, es posible determinar quién o quienes desaparecieron a los estudiantes. Como fue que los mataron, es decir a balazos, a golpes, asfixiados y también que hicieron con los cuerpos, es decir los echaron a una presa, los calcinaron, los enterraron o los disolvieron con ácido. Igualmente, los responsables que bien pudieron ser los policías o un grupo delincuencial de la región digan cual fue el motivo por el cual se los llevaron y donde quedaron los muchachos. Dicho de manera más sencilla fueron mangano, perengano y zutano, el motivo fue tal o cual, los mataron utilizando tal método y el destino de los cuerpos fue este o aquel. Si es necesario que tengan que pasar otros diez años para saber la verdad y desbaratar ese nudo gordiano, entonces que se consulte a un espiritista para que venga Alejandro Magno a desbaratar un nudo que cualquier policía de barrio podría resolver.

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