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La 4T: entre el relato y la realidad

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Jorge Anima
04/08/2025

La cuarta transformación es una realidad, es un movimiento que gobierna alnpaisnY como todo poder en transición, atraviesa una etapa crítica, marcada por tensiones internas, liderazgos en disputa y relatos que comienzan a resquebrajarse.

Los recientes escándalos que involucran a figuras clave del obradorismo —como Adán Augusto López y Andrés Manuel López Beltrán— no son casos aislados. Son síntomas de una batalla intestina que ha comenzado mucho antes de lo previsto. Mientras el nuevo sexenio apenas despliega su agenda, el ajedrez sucesorio ya tiene movimientos en curso. Omar García Harfuch, Marcelo Ebrard y otros nombres han empezado a circular como piezas de una partida que nadie quiere perder.

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El desafío de sostener un movimiento sin su fundador

Claudia Sheinbaum asume el liderazgo en un escenario complejo. Tiene legitimidad, tiene experiencia, tiene el respaldo de Palacio Nacional. Pero no es —ni será— López Obrador. El gran desafío de su sexenio no será gobernar, sino sostener viva la narrativa de transformación sin el aura fundacional de su creador.

La 4T enfrenta hoy un dilema estructural: institucionalizarse o fragmentarse. Pasar de ser un movimiento guiado por un líder a convertirse en una estructura política con vida propia. Esa es la encrucijada real. Y para resolverla, debe definirse en qué tipo de unidad se apoyará.

Cuatro rutas posibles

Hay cuatro caminos posibles para el futuro inmediato del movimiento:

La unidad con contenido, impulsada por Sheinbaum, que supere el discurso y se materialice en acuerdos políticos firmes. Es la apuesta más racional, aunque también la más difícil en un entorno donde las ambiciones personales pesan más que los proyectos colectivos.

La unidad de fachada, esa que se grita en los micrófonos pero se traiciona en las decisiones. Es la más frecuente en la historia política mexicana y, por tanto, la más peligrosa: erosiona por dentro sin dejar huella visible… hasta que colapsa.

El repliegue sectario, con una dirigencia encerrada en sí misma, que desprecia a los aliados de ocasión y olvida que fueron esenciales para llegar al poder. La soberbia, cuando se institucionaliza, destruye.

La ruptura explícita, con un movimiento dividido en tribus: lopezobradoristas nostálgicos, claudistas ortodoxos, verdes oportunistas y rojos dispersos. Cada uno con su verdad, pero sin una causa común.

Una batalla pospuesta: 2027

El verdadero epicentro del conflicto no está en 2024, sino en 2027, cuando se definan las candidaturas para San Lázaro. Ahí, en la disputa por los espacios de representación, se sabrá si los acuerdos iniciales fueron auténticos o meras concesiones temporales. Será también la primera gran prueba de liderazgo de Sheinbaum fuera del cobijo de su antecesor.

La oposición, aún sin brújula

Del otro lado del tablero, la oposición tradicional —PRI y PAN— sigue atrapada en su laberinto. Su presencia nacional es débil y su narrativa, aún más. En pocos estados mantiene competitividad real, y Durango destaca como una de esas raras excepciones. Sin embargo, no basta con ganar elecciones: hace falta construir una alternativa. Y en eso, los partidos de siempre no han podido —o no han querido— dar el paso.

Mientras tanto, el electorado que no comulga con la 4T sigue sin un proyecto al cual adherirse. El discurso neoliberal ha dejado de ser suficiente.

¿Y Durango?

A contracorriente de lo que sucede en el centro del país, Durango ha logrado mantener cohesión. No porque no existan tensiones, sino porque se han sabido administrar. En este sentido, el presidente del Congreso local, Héctor Herrera, ha mostrado oficio: más que imponer, ha sabido tejer. Y eso, en política, no es menor.

¿Qué sigue?

Lo que está en juego no es solo el destino de un gobierno, sino la viabilidad de un proyecto de largo aliento. La 4T necesita crecer, reformularse, incluso reinterpretarse. Ya no alcanza con invocar el legado de AMLO; ahora se necesita visión, estrategia, y sobre todo, una narrativa nueva que hable al México del presente.

Sheinbaum tiene una oportunidad histórica: demostrar que el movimiento puede sobrevivir sin su fundador y abrir una nueva etapa donde la transformación no sea consigna, sino política pública. Si lo logra, habrá ganado algo más que una elección: habrá conquistado el futuro.

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Lic.en educación/ papá/ colaborador del periódico Órale Que Chiquito/ soñador/ utópico.
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