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La generación, Z… Viejos políticos, nuevas máscaras

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Eduardo Ortega Solano
Análisis de Altura
17/11/2025

En este mismo espacio, en mi artículo del lunes pasado, di claras muestras de ingenuidad y lo digo así por no verme demasiado severo conmigo mismo. La situación es que di el beneficio de la duda a la pasada marcha convocada por la autodenominada “Generación Z”, fui candoroso al creer en la posibilidad de que era un movimiento en ciernes que, en su momento, podía llegar a ser análogo a los movimientos contraculturales surgidos en los sesentas por todo el mundo, como la onda hippie que promovía la paz, el amor libre y la libertad personal, además de la paz en Vietnam. También pensé en el movimiento antinuclear, en el retorno a la tierra como bandera ecologista, en la segunda ola feminista, en la revolución sexual y en causas como la libertad de expresión, los movimientos antinucleares y la liberación gay, solo por mencionar algunas. En México, se dio el movimiento estudiantil de 1968 y, en el 2012, el #YoSoy132. Ese era el horizonte que me hizo conceder el beneficio de la duda.

Confié en la autenticidad de este movimiento porque su origen internacional no nació de una moda digital, sino de expresiones de jóvenes que en otros países demostraron capacidad para transformar la política. Antes incluso del caso de Nepal, ya existía un antecedente de cómo las redes sociales podían detonar movilizaciones, la Primavera Árabe, cuando miles de jóvenes derribaron décadas de inmovilismo mediante redes sociales y protesta pública. Luego vino Nepal, donde los jóvenes exigieron reformas contra la corrupción, obligando al gobierno a transparentar procesos y modificar reglas electorales. Después Sri Lanka, donde esa generación sostuvo protestas que culminaron con la renuncia del presidente. En Estados Unidos, los estudiantes de Parkland transformaron la indignación por la violencia armada en cambios legislativos, y en Europa las marchas climáticas obligaron a gobiernos a replantear metas ambientales e incluso a remover ministros. Esa cadena internacional me hizo pensar que aquí podía surgir un movimiento similar, independiente y coherente con las necesidades reales de los jóvenes.

Pero pronto quedó claro que no. La marcha terminó orientándose hacia las mismas demandas que la oposición ha repetido desde la Marea Rosa y otras entelequias, ahora intentan posicionar como su bandera principal el lamentable asesinato del alcalde Carlos Manso. Un hecho doloroso que están tratando de apropiarse de forma oportunista, pese a que la propia viuda informó que no participaría y que no tiene nada que ver con ese movimiento. Todo en un contexto donde es obvio que la oposición critica y descalifica, sin sentido. Ademas no se puede ignorar que, según las encuestas recientes, Claudia mantiene entre 70 y 80 por ciento de aprobación, no olvidemos que en las urnas obtuvo el respaldo de 36 millones de mexicanos. Así fue evidente que la marcha fue absorbida por políticos que vieron la oportunidad de reciclar su narrativa, colocarse al frente y vaciar de representación genuina un movimiento que apenas intentaba encontrar su propio lenguaje.

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Dentro de los convocantes y participantes se encontraban Acosta Naranjo y Fernando Belaunzarán, liderazgos del nuevo partido Frente Cívico Nacional, además de Emilio Álvarez Icaza, Gabriel Quadri, quien incluso ha sido sancionado por sus ataques transfóbicos, Vicente Fox, Pedro Ferriz, Ricardo Alemán, despedido de Televisa por llamar a un magnicidio contra AMLO, y Rafael Loret de Mola, entre otros. Todos argumentan que participan como parte de la sociedad civil, desvirtuando también ese concepto, pero es claro que su presencia más que abonar deslegitima el movimiento. Si bien es cierto que en la mayoría de las entidades hubo marchas, en muchas se presentaron dobles y hasta triples convocatorias, acusándose entre sí de apócrifas, y en no pocos casos fueron encabezadas por viejos políticos disfrazados de ciudadanos,

Se debe criticar al gobierno, incluso es una obligación, pero esa crítica debe traducirse en propuestas y en un deseo de construir un país mejor, no en una actitud revanchista o destructiva. La oposición tiene la responsabilidad de señalar y protestar, pero le corresponde generar sus propias banderas y no inventar grupos y causas solo porque les incomoda reconocerse como militantes de partidos políticos. Por supuestoque aún falta mucho en seguridad, en combate a la corrupción, en reducción de la pobreza y en muchos temas más, pero también es evidente que existen avances. Resulta patético que la oposición, la misma que durante años criticó de manera rabiosa el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” llamando ninis a quienes lo integraban, ahora busque sumarse a sus causas con una facilidad que raya en el oportunismo.

Mi mea culpa es puntual: me equivoqué al asumir que la mera existencia de un movimiento juvenil implicaba autonomía y pureza de propósito. Aprendo que hay que mirar con más escepticismo cuándo un impulso social es rápidamente ocupado por operadores políticos. La generación joven merece que no la sobrestimemos, pero también que no la utilicen como escaparate. Hoy rectifico mi error y mantengo la exigencia de propuestas concretas y serias.

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Opinologo sin preferencia partidista. café, política y tecnología. Editorialista del periódico Órale que Chiquito, Columnas Análisis de Altura, Los Puntos Sobre i’es . Mesa política y Cueva de Lobos en Lobos Cadena 7
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