
La desaparición de la Unidad del Sistema para la Carrera de Maestras y Maestros (USICAMM), anunciada desde mediados del años pasado, no es un simple ajuste administrativo en la Secretaría de Educación Pública, es un movimiento con implicaciones políticas profundas. El anuncio del Gobierno Federal de eliminarla dicha unidad que es la responsable de regular el ingreso, promoción y movilidad docente, abre una nueva etapa en la relación entre el poder y el magisterio, pero también coloca sobre la mesa el cuestionamiento si se trata de una mejora real al sistema educativo o de una jugada estratégica con miras al 2027, simple y sencillamente porque en México, cuando se toca al magisterio, no sólo se toca la educación; se toca una de las estructuras de movilización territorial más grandes del país, que normalmente reditúa en las urnas..
El propósito quedó corto.
La USICAMM nació como parte de la reforma educativa posterior a 2019, con la intención de profesionalizar y transparentar los procesos de asignación de plazas y promociones; en el papel, su función era clara, evitar discrecionalidad y privilegiar criterios técnicos, pero en la práctica, acumuló inconformidades cuando maestras y maestros denunciaron retrasos, fallas en plataformas, incertidumbre en cambios de adscripción y una sensación constante de opacidad. Desde Palacio Nacional se ha dicho que el nuevo esquema privilegiará la antigüedad y eliminará “candados burocráticos”, sin embargo, la pregunta central es si el problema era el diseño del sistema o su operación, pues desaparecer un organismo no garantiza que desaparezcan las prácticas que se le atribuyen; quizá solo es un modelo perfectible, y no “desechable”, porque se terminó evidenciando que las prácticas previas le garantizaba el control a los sindicatos magisteriales.
Riesgos.
El gobierno ha anunciado que habrá diálogo con el magisterio para construir el nuevo modelo de carrera docente; eso suena bien en términos políticos, pero también implica que los sindicatos podrían recuperar un margen de influencia más amplio en la definición de criterios, y aunque para algunos, eso es “justicia” laboral, para otros, es un riesgo de discrecionalidad. El equilibrio entre transparencia y negociación política será clave, si el nuevo sistema se basa sólo en acuerdos cupulares, el “remedio” podría ser peor que la “enfermedad”. Lo importante sería que con o sin la USICAMM, tanto las autoridades educativas, como los sindicatos magisteriales, encuentren a los mejores perfiles que puedan estar frente a grupo, y así obtener una plaza, ya sea que formen parte de un sindicato o no, y así evitar que las asignaciones se hagan por “compadrazgos”, como fue el objetivo al llevar a cabo su implementación. Actualmente muchos jóvenes se preparan para obtener un espacio y muchas veces no pueden, justo por esos esquemas añejos.
Estrategia electoral.
No seamos ingenuos, el magisterio es una fuerza territorial de enorme peso, son cientos de miles de docentes distribuidos en cada municipio del país, con presencia directa en comunidades urbanas y rurales, de hecho, históricamente su capacidad de movilización ha sido determinante en procesos electorales. El anuncio de desaparecer la USICAMM puede leerse como un gesto político hacia ese sector porque Morena sabe que consolidar el respaldo del magisterio puede traducirse en estructura, operación y narrativa favorable rumbo a las elecciones intermedias de 2027; en política, las reformas educativas rara vez son neutras, casi siempre tienen una lectura electoral, y en este caso el mensaje parece claro, se corrige lo que incomoda para fortalecer la alianza con uno de los gremios más influyentes del país.
Resultados a futuro.
La grilla, al final, no está en el nombre del organismo que desaparece, sino en la intención detrás de su eliminación. Morena podría obtener dividendos inmediatos al enviar un mensaje de cercanía con las y los maestros, pero el verdadero examen vendrá después, cuando el nuevo modelo demuestre si es más justo, más transparente y más eficaz, porque en educación, los efectos no se miden en encuestas, sino en generaciones; y ahí no hay campaña que alcance para maquillar un mal diseño.