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POLITICOS SIN PARTIDO

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Gilberto Jiménez Carrillo
23/02/2026

Tener un partido político ha sido un buen negocio para algunas camarillas políticas, acostumbradas a vivir a expensas de los recursos públicos. Sin embargo, pocos son los que logran su permanencia en el escenario político nacional, de tal forma que, en las más recientes tres décadas, 26 partidos políticos han perdido su registro en México. Los casos más recientes son los de las organizaciones Redes Sociales Progresistas, Fuerza por México yPartido Encuentro Solidario, que perdieron su registro en 2021, al no lograr en la votación para diputados federales el mínimo que les exige la ley: el 3 por ciento de la votación nacional captada en las urnas. Ya nos parece normal, dentro de la política, los personajes camaleónicos que un día dicen valorar y defender los ideales de determinado partido político y al cabo de un tiempo con la oportunidad de agarrar liana nueva, se vuelven detractores de quienes les dieron la oportunidad. Se ha perdido toda ética en el quehacer político, la degradación de la palabra política se encuentra en su más bajo nivel. Cada vez a la población le es más difícil creer en las propuestas de los futuros contendientes, la historia les precede. Por estas y otras razones algunos analistas y académicos han planteado, incluso, que más temprano que tarde, comenzará el declive de los partidos políticos, al menos en las formas y estructuras que tienen actualmente. ¿Es esto posible? ¿Puede haber democracia sin partidos políticos? ¿Pueden la sociedad, el Estado, el gobierno, la economía y la convivencia ser viables sin estructuras partidistas? La tendencia es que los electores buscan incidir, comentar, influir en los temas a debate. Evidentemente, no están satisfechos con los resultados que ofrecen los partidos políticos; esperan más y ya no se conforman con la demagogia de siempre. Los debates y discusiones de los partidos políticos se ven muy lejanos de la vida cotidiana; los problemas de la agenda social están muy lejos de los intereses y prioridades de los partidos, o al menos ésa es la percepción generalizada. Para forjar el triunfo de los candidatos independientes y de los partidos políticos se requiere siempre de movilización ciudadana, hombres y mujeres hablando, comentando, transmitiendo una idea, organizando, ganando la calle casa por casa, convenciendo, compartiendo, apoyando una causa y un liderazgo en que creen, se sienten identificados y están dispuestos a depositar su confianza mediante el voto. Los movimientos sociales que han logrado grandes transformaciones surgieron en la calle, se basan en la fe pura, la motivación, el compromiso mutuo y el sometimiento del interés particular en favor del bien común superior. Lo que menos se ve en campañas recientes son programas y propuestas; los partidos y sus candidatos se centran en los bailes, canciones, demostraciones ridículas de talento y al dispendio de recursos en medios que muchas veces no es rentable. El voto electoral ha perdido eficacia. Los ciudadanos sienten que con su voto nada pueden lograr fuera de ratificar las resoluciones previamente elaboradas por el instituto político y por el pequeño grupo, cada vez más pequeño, que lo dirige y gobierna, bajo un jefe supremo. El político difuso, confuso, callado, disciplinado, “agachado”, como dice la expresión popular, es el que lleva la delantera para aspirar a otras situaciones, pues ha probado su capacidad de obediencia y acatamiento. Lo malo de los políticos sin partido que repentinamente aparecen elección tras elección, es queen su mayoría son veletas del escaño público, sin ideología o conciencia social. Donde según los partidos políticos, sus lideres y representantes ven causas políticas y lucha de clases, un sector importante de ciudadanos ve solo lucha de intereses y pleito de personas. Una clase de lucha escenificada por los hunos contra los hotros. La degradación política es un desafío que debe abordarse de manera urgente, ya que una sociedad desencantada y desconfiada puede socavar la estabilidad y el desarrollo de una nación. Los partidos políticos no existen en México, son entelequias de ambición. Son agrupaciones de lucha por el su pequeño poder, beneficiarios al fin. Y mientras tanto la democracia, que se nutre, en primera instancia, de partidos políticos, de fuerzas y organizaciones políticas legalmente aceptadas, se muere lentamente.

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