
El pasado 24 de abril se llevó a cabo una manifestación nacional del movimiento #SoyPapáNoCriminal, que agrupa a muchísimas asociaciones, organizaciones y familias sin denominación social, la cual tenía varios fines, los cuáles, en una primera instancia, se cumplieron, pero aún no basta.
Estas organizaciones, conformadas principal pero no únicamente por familias que viven casos de injusticia por políticas de género, se movilizaron para mostrar que no son “casos aislados”, ni una minoría, quienes estamos inconformes con la presentación, legislación, aprobación y aplicación de todas las leyes y políticas que están discriminando a cerca del 50 por ciento de la población sólo por ser hombres, haciendo visible la problemática, porque parece que todos los vídeos, audios y otras pruebas tangibles no son suficientes para demostrar que el progresismo y el feminismo están destruyendo individuos, familias y a la sociedad.
En segunda instancia, se denuncian tácitamente las injusticias jurídicas por las falsas denuncias de violencia por razón de género, siempre favoreciendo a la mujer, incluso sin pruebas, basta con el dicho, y ya el acusado es el que debe demostrar que es inocente, terminando de forma directa con el derecho a la presunción de inocencia y al debido proceso, situación que hoy en día tiene a cientos, si no es que miles, de hombres encarcelados injustamente por una denuncia falsa, porque ya se convirtió en un arma jurídica para que muchas sometan bajo esa amenaza, como ya se ha demostrado en video y audio, dando paso a las famosas “ladies” de redes sociales que tratan de forzar obediencia o servicios gratuitos bajo el lema “o te denuncio por acoso”.
En tercera instancia, se exige una revisión de casos familiares en los juzgados que se han contaminado con la perspectiva de género y con estas otras denuncias falsas de violencia intrafamiliar usadas para obstaculizar la convivencia de padres con sus hijos, como se ha demostrado en casos que se han hecho mediáticos como los pequeños niños argentinos, Lucio y Ángel, que perdieron la vida a manos de sus madres, tras ser arrebatados de brazos de sus padres, casos que se han registrado en España, Chile y hasta México.
Tomemos de ejemplo el caso donde la “Ley de Violencia Vicaria” reconfiguró la denuncia de un papá en Aguascalientes, quien presentó pruebas de que su expareja maltrataba a su hija para forzarlo a darle más dinero, y entonces se voltearon los papeles al señalar que el hombre estaba utilizando la denuncia de maltrato a su hija para perjudicar a la mujer, entonces él es el malo, ella la víctima y la menor quedó desprotegida; así funciona la perspectiva de género, todo es a favor de la mujer.
Igualmente en Jalisco, donde el joven Máximo denunció a su madre por maltrato y acoso contra él y su hermano menor, mientras ella había denunciado jurídica y mediáticamente que el padre los secuestro, para que fuera a la cárcel, a pesar de que los propios hijos desmintieron la acusación, pero grupos feministas sometieron al Poder Judicial y fueron ignorados.
En Baja California, Selina “N”, cuyo hijo estaba bajo custodia del padre, acudió a “recuperarlo” con sujetos armados y terminaron quitando la vida a uno de los familiares, por lo que alega ser víctima de violencia Vicaria para tratar de evitar la justicia o, en su defecto, pide ser juzgada con perspectiva de género, para tratar de obtener una sentencia menor.
Estos casos, y muchísimos otros, son los que forzaron a hombres y mujeres, familias completas, a organizarse para decir “ya basta” y exigir verdadera justicia, no esa “igualdad sustantiva ante la ley”, que no es otra cosa que revanchismo de género porque consideran que el maltrato de dos generaciones hacia atrás, debemos pagarla las generaciones presentes y futuras, políticas públicas e iniciativas legislativas impulsadas desde el rencor, la misandria y la necesidad de una minoría de someter a la mayoría, lo más ilógico es que lo están logrando con la excusa del progresismo, que ya se demostró que sólo destruye familias, valores y principios morales, para suplirlos con enojo y libertinaje.
Es importante lo que hicieron los que pudieron acudir a las marchas en las principales ciudades de todos los estados del país, incluso algunas en el extranjero; ahora, hay que darle seguimiento y exigir a nuestros representantes (diputados y senadores) que echen abajo esas leyes destructivas, como ya están haciendo en España y Argentina, donde ya vieron que ése no es el camino.
@Una Segunda Opinión de Todo