
Hasta los propios militantes y simpatizantes de Morena deben reconocer que hoy atraviesan la etapa más compleja desde la fundación del partido. Todo parte de la acusación que hace la fiscalía estadounidense en contra del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por lo que quienes dirigen este movimiento, ya sea desde Palacio Nacional o desde Palenque, tendrían que asumir que las decisiones que han tomado han generado un daño colateral a la ideología que ha prevalecido en los últimos siete años en prácticamente todo el territorio nacional. Hoy el morenismo tiene frente a sí la oportunidad de tomar el “camino” de la verdad y la justicia, como lo han sostenido en su narrativa, o bien optar por sostener, hasta donde sea posible y a pesar de las consecuencias, la protección de figuras señaladas por sus posibles vínculos con grupos del crimen organizado, aun cuando falta la etapa legal en la que habrán de deslindarse responsabilidades.
Mal menor.
Me parece que la Presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, deberá buscar, más allá de lo que le recomienden en “Palenque”, el mal menor para su partido. Es una realidad que su capital electoral radica en los programas sociales, pero también lo es que la sociedad está cada vez más informada. No creo que por el hecho de recibir estos apoyos de manera bimestral, los mexicanos vayan a aceptar prácticas vinculadas a grupos delincuenciales. Además, ya está socializado que estos apoyos se encuentran en la Constitución y nadie podrá retirarlos; es decir, las familias que tienen asegurado este recurso también estarían exigiendo claridad en el desempeño de los funcionarios, como en el caso de Rocha Moya.
Miopía.
El discurso de varios perfiles morenistas raya en la incredulidad. Mientras ha habido detenciones por el solo hecho de estar señalados, sobre todo cuando se trata de adversarios, o mientras la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) puede bloquear cuentas sin orden judicial, ahora, ante la acusación de Estados Unidos contra el sinaloense y nueve personas más, se exige la presentación de pruebas “contundentes e irrefutables”. Evidentemente existe una “miopía” en la impartición de justicia: cuando se trata de la oposición, el señalamiento basta para asumir culpabilidad; pero cuando se trata de los propios, se convierte en un asunto político o en una falta de pruebas suficientes para proceder. Resulta, por decir lo menos, ilógico.
Chihuahua.
Nadie ha planteado que las investigaciones iniciadas por la presencia de agentes de la CIA en Chihuahua deban detenerse. Por el contrario, lo que se exige es que, de manera paralela, se atienda el caso de Rocha Moya. Desde luego, Estados Unidos tiene intereses económicos y políticos, y sabe perfectamente cuándo detonar este tipo de “bombas”. No hay que olvidar que en noviembre habrá elecciones en ese país, mientras que la credibilidad de su presidente ha caído por su política intervencionista en otras naciones. A ello se suma la revisión del Tratado de Libre Comercio. Para el gobierno estadounidense cubrir todos estos frentes es fundamental; sin embargo, eso no cancela la posibilidad de que cuenten con información de primera mano sobre la operación de algunos políticos en México.
Oposición.
Ariadna Montiel se sacará “la rifa del tigre” al llegar a la dirigencia nacional de Morena, y quizá no sea suficiente si la oposición decide capitalizar esta coyuntura. Pero eso dependerá de que dejen de lado el ego y consoliden una alianza real entre el PAN y el PRI, con el objetivo de recuperar parte del terreno perdido. Todo estará en función de la voluntad, los acuerdos y la construcción de una estrategia eficaz. De lo contrario, este “huracán” político terminará por hacerle a Morena lo que el viento a Juárez.