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Ariadna Montiel no la tiene fácil

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Quetzal Herrera Ruiz
LA GRILLA DEL PÁJARO
05/05/2026

Este fin de semana, el morenismo en pleno designó a Ariadna Montiel como nueva dirigente nacional de este instituto político, una tarea que podría resultar un “premio” en otras circunstancias, no lo es hoy que este partido se encuentra inmerso en una serie se señalamientos por los personajes que están señalados de participar con grupos del crimen organizado, pues ahora no solo se habla de Rubén Rocha Moya y nueve funcionarios sinaloenses, sino se han añadido a la lista otros tres gobernadores de extracción morenista. En su primer discurso como presidenta nacional, la ex secretaria del bienestar asegura que no se permitirá la corrupción ni la designación de perfiles que tengan algún antecedente delictivo, el problema es que, de comprobarse todo lo que se les cuestiona, será una tarea “titánica” encontrar candidatos que no tengan esas ligas, porque además el proceso de selección ya está en puerta.

Contexto.
El momento en el que asume Ariadna Montiel no es menor, porque Morena dejó de ser un movimiento en expansión para convertirse en una estructura que ya gobierna y que, por lo mismo, enfrenta el desgaste natural del poder, ya que las acusaciones que hoy pesan sobre algunos de sus cuadros no solo golpean a los individuos señalados, sino que “erosionan” la narrativa de “superioridad” moral que durante años fue su principal “bandera” política. En este escenario, la nueva dirigente no solo tendrá que administrar al partido, sino reconstruir la credibilidad de una militancia que empieza a resentir los costos de las decisiones tomadas en los últimos procesos electorales, desde luego bajo la instrucción que reciba desde Palacio Nacional, porque me parece que Sheinbaum Pardo tomará las decisiones con mucho cuidado, a pesar de los costos políticos que les pudiera representar.

Selección.
Uno de los principales retos que tendrá enfrente será el método de selección de candidaturas, un tema que ha generado inconformidades internas y que ahora adquiere una dimensión mucho más delicada. La promesa de evitar perfiles con antecedentes cuestionables suena bien en el discurso, pero en la práctica implicará revisar con lupa a quienes aspiran a competir, en un contexto donde el tiempo apremia y las presiones políticas no desaparecen, de hecho Morena se acostumbró a privilegiar la rentabilidad electoral por encima de otros criterios, y revertir esa lógica implicará costos, tanto en lo interno como en lo externo, máxime cuando en el 2027 se enfrentarán no solo a otros partidos, sino a una sociedad cada vez más informada y exigente. Las prácticas, buenas o malas que realizaban en el pasado, por el hecho de llegar al poder, deberán modificarse, por su propio bien.

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Presión.
A todo esto se suma la presión que vendrá desde Palacio Nacional y desde los distintos grupos que coexisten al interior del partido, porque Morena no es un bloque homogéneo, sino una suma de intereses que, en momentos como este, tienden a chocar. Ariadna Montiel llega con el respaldo de haber operado una de las estructuras más importantes del Gobierno Federal, pero eso no necesariamente se traduce en control político dentro del partido, porque tendrá que equilibrar las exigencias del Poder con las demandas de una base que comienza a exigir mayor transparencia y congruencia, sin desprenderse de sus principios, no mentir, no robar y no traicionar.

Consecuencia.
Si algo está en juego en esta nueva etapa es la capacidad de Morena para sostener su hegemonía política sin perder la narrativa que lo llevó al poder; las decisiones que se tomen en los próximos meses marcarán no solo el rumbo del partido, sino también el de los procesos electorales que están por venir. Ariadna Montiel no solo enfrenta un reto operativo y de credibilidad, enfrenta una prueba de fondo, demostrar que dentro de este instituto político se puede corregir el rumbo cuando las circunstancias los obligan, y de no lograrlo, el costo no será únicamente para su dirigencia, sino para todo un proyecto político que empieza a mostrar fisuras, y desde luego se reflejará en las urnas y con la pérdida de espacios en San Lázaro.

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Egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García; conductor de los programas "El Pájaro Pregunta" y "Las Mañaneras del Pájaro"; columnista en el Órale Qué Chiquito.
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