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Se crearán plazas homologadas de partería

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Jacquelinne Varona
VIENTO FAVORABLE
07/05/2026

La Secretaría de Salud federal confirmó la creación de 5,161 plazas dentro del sistema público. El término “homologadas” es importante porque implica que las parteras tendrán: reconocimiento formal; categorías laborales definidas; posibilidad de integración institucional; y condiciones administrativas equiparables a otros trabajadores sanitarios. Esto representa uno de los procesos de institucionalización de la partería más grandes en la historia reciente de México.

Las plazas estarán integradas al Sistema Nacional de Salud. El secretario de Salud, David Kershenobich, señaló que el objetivo es incorporar plenamente a las parteras en comunidades rurales, zonas urbanas, hospitales y unidades de atención primaria. 

La estrategia no se limita a partería tradicional comunitaria: también incluye parteras profesionales; licenciadas en enfermería obstétrica; y modelos híbridos de atención materna. Esto significa que la integración ocurrirá en: IMSS, IMSS-Bienestar, ISSSTE, Secretaría de Salud estatal, y otras instituciones coordinadas del Sistema Nacional de Salud. 

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Un dato clave es que la incorporación no surge improvisadamente. Desde 2025 existe la NOM-020-SSA-2025, que reconoce oficialmente a la partería dentro del Sistema Nacional de Salud. La norma establece criterios para incorporar parteras en establecimientos públicos; lineamientos de coordinación entre hospitales y parteras tradicionales; creación de casas de partería y unidades de bajo riesgo; y reconocimiento institucional de la atención intercultural. Antes de esta norma, muchas parteras operaban en una zona “informal” o semi reconocida.

La estrategia incluye aumentar las salas de labor, parto y recuperación de 98 a 397 para 2030. Eso es importante porque las nuevas plazas requieren espacios específicos para parto fisiológico; atención humanizada; y acompañamiento continuo. No es sólo contratación de personal; también implica reconfiguración hospitalaria.

El plan también contempla formar 600 nuevas parteras hacia 2030 y capacitar anualmente a aproximadamente 230 mil trabajadores de salud. La capacitación incluye atención obstétrica respetuosa; parto fisiológico; enfoque intercultural; y coordinación con partería tradicional. Esto indica que el gobierno no busca únicamente sumar personal, sino transformar el modelo obstétrico.

Con esto se busca reducir cesáreas y aumentar parto fisiológico: que 25% de los partos sean atendidos por parteras; y que 54% de los nacimientos ocurran mediante parto natural. El Comité Nacional de Partería además acordó monitorear mensualmente las tasas de cesárea; y revisar bimestralmente indicadores de parto acompañado y fisiológico. Eso muestra que la incorporación de plazas está vinculada directamente a metas nacionales de política sanitaria.

El IMSS informó recientemente que ya trabaja con 2,930 parteras distribuidas en 18 entidades federativas. Los estados con mayor presencia actualmente son Veracruz, Puebla e Hidalgo. Esto indica que el nuevo programa no parte desde cero; más bien amplía y formaliza experiencias ya existentes.

Lo más relevante sociológicamente es el reconocimiento estatal de saberes históricamente marginados, ya que, por primera vez, el Estado mexicano reconoce formalmente que la atención obstétrica no debe depender exclusivamente del modelo médico hospitalario.

Por otro lado, dentro del análisis sociológico está el factor de la feminización del sistema de cuidados, puesto que la partería históricamente ha sido una práctica femenina y comunitaria. Su institucionalización significa dar valor laboral y salarial a trabajos de cuidado que durante décadas fueron invisibilizados o considerados “tradicionales”. Eso es significativo porque el sistema de salud mexicano históricamente intentó sustituir los saberes indígenas, no integrarlos.

Lo que aún no está completamente definido y que todavía no se han publicado de manera públicason tabuladores salariales específicos; distribución exacta por estado; mecanismos completos de contratación; ni calendarios detallados de asignación de plazas. Es probable que esos lineamientos aparezcan conforme avance la implementación de la Estrategia Nacional de Partería 2026-2030.

Por otro lado, la partería en México vista como una herencia histórica y comunitaria, tiene raíces profundas en la historia mexicana. Desde la época prehispánica, las parteras —conocidas en náhuatl como tlamatlquiticitl— ocupaban un lugar central en las comunidades indígenas. No sólo asistían partos: también cumplían funciones rituales, medicinales y sociales. El nacimiento era entendido como un evento comunitario y espiritual, no exclusivamente médico.

Durante siglos, especialmente en zonas rurales e indígenas, las parteras fueron las principales responsables de la atención reproductiva. Esto se debió a varios factores: la ausencia histórica de infraestructura hospitalaria; la pobreza y desigualdad territorial; la confianza cultural en los conocimientos tradicionales; y la transmisión intergeneracional del oficio femenino. 

La partería fue además una de las pocas formas históricas de autoridad femenina reconocida socialmente. Las parteras acumulaban prestigio comunitario porque poseían conocimientos prácticos sobre embarazo, hierbas medicinales, lactancia y cuidados neonatales.

A partir del siglo XX, particularmente desde los años cuarenta y cincuenta, el Estado mexicano impulsó un proceso de medicalización del parto. El nacimiento pasó progresivamente del hogar al hospital. Este cambio tuvo varias consecuencias sociológicas importantes, la primera es que el conocimiento médico desplazó al conocimiento comunitario, la medicina institucional comenzó a considerar la partería tradicional como “atrasada” o insuficientemente científica. El saber biomédico adquirió legitimidad absoluta frente a otros sistemas de conocimiento. Esto produjo una jerarquización donde el médico obstetra pasó a ser la autoridad principal, mientras que las parteras quedaron subordinadas o invisibilizadas. 

La segunda es que el cuerpo femenino se institucionalizó, es decir, el parto dejó de verse como un proceso fisiológico y comunitario para convertirse en un procedimiento clínico altamente intervenido. En México esto derivó en tasas muy elevadas de cesáreas, muchas veces innecesarias.

La noticia menciona precisamente que el gobierno dará seguimiento a los indicadores de cesárea y busca aumentar el parto fisiológico. Esto es relevante porque México ha sido señalado por organismos internacionales debido al exceso de intervenciones obstétricas.

Finalmente, la tercera consecuencia es que se profundizaron desigualdades culturales, esto es que, en muchas comunidades indígenas y rurales, las mujeres enfrentaron barreras lingüísticas, raciales y económicas en hospitales públicos. La imposición de modelos hospitalarios occidentales frecuentemente ignoró prácticas culturales locales. Por eso, los servicios deben ser “culturalmente pertinentes”. Esa frase tiene una carga política importante: implica reconocer que el sistema de salud históricamente no ha sido neutral ni universal, sino centralizado y poco sensible a la diversidad cultural.

Columna: Viento Favorable

Autora: Mtra. Jacquelinne Varona 

X: @JackyVarona

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Jacquelinne Varona es Licenciada en Sociología por la UNAM y Maestra en Gestión Pública por la UJED. Mujer trabajadora, observadora de lo social, fan del cine y apasionada de las pláticas amenas.
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