
A principios de 2026, ante una creciente inconformidad social por el triste papel que han desempeñado —y siguen desempeñando— los partidos políticos de oposición, el PRI, el PAN y Movimiento Ciudadano figuran entre las principales fuerzas opositoras a nivel nacional. A últimas fechas, además, ha surgido otra organización, SOMOS, que también busca abrirse paso en ese terreno. Y lo que ello signifique, ya lo veremos.
En fin, el PRI y el PAN, que son los que más ruido hacen —y vaya que es mucho ruido—, tuvieron que ponerse creativos para intentar incrementar, en lo posible, su aceptación ciudadana.
Fue así como uno de ellos echó a andar su maquinaria mediática y de posicionamiento, hasta que se les ocurrió la brillante idea de hacer un «relanzamiento» político. Según su dirigente nacional, Jorge Romero Herrera, había que cambiar el logotipo, modificar el lema y abrir las candidaturas a la ciudadanía. ¡Vaya genialidad! Al parecer, al brillante dirigente panista no le dio para más que cambiarle la envoltura al partido y ofrecer candidaturas como si estuviera liquidando mercancía.
Y, por si eso fuera poco, también se anunció una estrategia para facilitar la afiliación mediante una aplicación y hasta rifar teléfonos de alta gama, iPhone 17 Pro, entre quienes se incorporaran al partido.
¡Ahhh, qué elegancia! ¡Que no se pierda el estilo panista, tan acostumbrado a presumir sus aspiraciones de alcurnia! Porque, al parecer, si no hay ideas que convenzan, siempre queda la posibilidad de rifar un teléfono. ¿Y qué sigue? ¿Una tablet, una computadora o un automóvil para quien consiga afiliar a toda su familia?
De momento, habría que preguntar cuántos de esos teléfonos prometidos se han entregado realmente. Porque una cosa es anunciar una rifa y otra muy distinta es convertirla en una estrategia capaz de recuperar la confianza ciudadana.
¡CANDIDATURAS PARA TODOS! ¿Y QUIÉN LES CREE?
Si lo anterior fuera poco —y no lo es—, en el mismo tenor de su relanzamiento, los panistas del CEN anunciaron que las candidaturas estarían abiertas a la ciudadanía en general.
Eso, por sí solo, ya resulta difícil de creer. Salvo que estemos hablando de candidaturas en lugares donde ni de chiste tengan alguna posibilidad de ganar, ¿de verdad alguien puede imaginar que la dirigencia panista va a entregar candidaturas competitivas a ciudadanos comunes y corrientes, sin padrinos, sin apellidos de alcurnia y sin pertenecer a los grupos que tradicionalmente han controlado el partido?
¡Por favor! Una cosa es anunciar la apertura y otra muy distinta es soltar el control de las candidaturas. Es más, ni ofreciendo un carro Tesla o un departamento en la alcaldía Benito Juárez de la Ciudad de México — donde Jorge Romero ha desarrollado buena parte de su trayectoria política— lograrían convencer a la ciudadanía de que el PAN se ha convertido, de la noche a la mañana, en un partido abierto, democrático y dispuesto a compartir el poder.
¡Están más fritos que nunca! Porque la gente no es mercancía y la política no es una feria de ofertas. Los ciudadanos no tienen por qué afiliarse a un partido solamente porque les ofrezcan un teléfono, una candidatura o cualquier otra promesa que suene atractiva. La pregunta es mucho más sencilla: ¿qué le ofrece realmente el PAN a México, más allá de cambiar su imagen y anunciar candidaturas?
EL PRI: DEL PODER A LA ANGUSTIA POR SOBREVIVIR
Por su lado, el PRI, con su dirigente nacional, Alejandro Moreno Cárdenas, alias Alito, no salió con una ocurrencia tan llamativa como la del PAN. Los priistas del CEN parecen andar más preocupados por mantener su registro político nacional en las elecciones de 2027.
¡Quién lo diría! El partido que durante décadas gobernó este país, que tuvo en sus manos buena parte del poder político nacional, hoy tiene que preocuparse por seguir existiendo como partido.
Y, si mucho me apuran, pareciera que la mayor preocupación de su cúpula es conservar una marca que todavía les permite mantenerse en la vida pública. Una marca que, para algunos de sus dirigentes, sigue siendo un negocio político demasiado conveniente como para dejarlo morir.
Pero el problema del PRI no se resuelve con discursos, ni con ataques a Morena, ni con la esperanza de que el electorado olvide su historia. Su estrategia nacional parece reducirse, una y otra vez, a denostar a Morena y tratar de acabar con la Cuarta Transformación.
Sin embargo, hasta ahora, esa obsesión no ha conseguido borrar el desgaste que el propio priismo arrastra. Más bien, parece que mientras más se mueven para golpear a Morena, más se hunden en sus propias contradicciones.
Y si se quedan callados, corren el riesgo de que la ciudadanía termine por olvidarlos. ¡Vaya dilema! Hablar para atacar a Morena o callar para que nadie se acuerde de que todavía existen.
EL BOOMERANG POLÍTICO
Tenemos, pues, dos propuestas de dos partidos políticos que otrora fueron los más influyentes de nuestro país y que, durante décadas, dominaron los destinos de la nación.
Por un lado, el PRI, que promete acabar con Morena, con su gobierno y con el legado de Andrés Manuel López Obrador. Pero esa insistencia en convertir a Morena en el enemigo de todos sus males puede terminar volviéndose contra ellos mismos, como un boomerang político. Porque, de tanto pedir el exterminio de una fuerza política como Morena, los priistas corren el riesgo de descuidar su propia supervivencia.
¡Vaya karma político! Quieren cavar la tumba de Morena, pero podrían terminar cavando la suya. Por el otro lado está Acción Nacional, que, como si se tratara de una feria de ofertas mercantilistas, pretende atraer a la ciudadanía con teléfonos, afiliaciones fáciles y candidaturas abiertas. ¿De verdad creen que con eso van a recuperar la confianza perdida?
Podrán ofrecer los panistas el cielo y la tierra, pero difícilmente conseguirán que la ciudadanía olvide sus contradicciones y sus viejas prácticas con tan solo cambiar el logotipo y anunciar una nueva estrategia.
VICENTE FOX Y LA MEMORIA QUE NO SE BORRA
Después del engaño sexenal de Vicente Fox, el panista que prometió sacar al PRI de Los Pinos «a patadas», ¿cómo esperan que la ciudadanía confíe ciegamente en Acción Nacional? Fox llegó al poder con un discurso de cambio y de ruptura con el viejo régimen. Sin embargo, su gobierno mantuvo acuerdos y coincidencias políticas con sectores priistas.
Así que aquella promesa de sacar al PRI terminó muy lejos de representar una ruptura completa con las prácticas del pasado. Y ese es precisamente el problema de los partidos que pretenden venderse como nuevos sin hacer una revisión honesta de su propia historia.
Porque una cosa es prometer cambios y otra muy distinta es cumplirlos. Vicente Fox fue un presidente panista, panista, panista. Y su trayectoria sigue siendo parte de la historia que Acción Nacional tiene que asumir, no esconder debajo de un nuevo logotipo.
Así son, en buena medida, esos políticos que se consideran de «alcurnia» y de «buena cuna», pero que parecen olvidar que el poder público no es una herencia familiar ni un privilegio que se pueda reclamar eternamente.
2027: ¿EL PRINCIPIO DEL FIN?
Tenemos, entonces, a dos partidos políticos que enfrentan un desafío electoral de enormes dimensiones en 2027, cuando se renovará la Cámara de Diputados federal, se disputarán 17 gubernaturas y habrá elecciones locales en distintas entidades del país.
El PRI y el PAN tendrán que demostrar si todavía cuentan con la confianza ciudadana suficiente para sostener sus proyectos políticos. Y si la ciudadanía se pone muy lista, si recuerda, compara y exige cuentas, quizá tengamos la oportunidad de presenciar un nuevo capítulo en la transformación del mapa político nacional.
No porque alguien pueda decretar desde ahora la desaparición de esos partidos, sino porque ningún partido tiene garantizada la permanencia cuando pierde la confianza de la gente.
El PRI y el PAN podrán seguir haciendo ruido, lanzando acusaciones, cambiando logotipos y ofreciendo candidaturas. Pero, al final, serán los ciudadanos quienes decidan qué hacer con su voto.
Lo cierto es que ambos partidos tienen mucho que explicar y bastante que demostrar. Porque ya no basta con vivir de las glorias del pasado, de las promesas incumplidas o de la propaganda de siempre.
La ciudadanía merece algo más que partidos políticos que parecen empeñados en sobrevivir a cualquier costo, aferrados a sus privilegios y a sus viejas prácticas.
Así que, para rematar, les diré algo muy sencillo: YO TAMPOCO LE CREO AL PRI NI AL PAN. ¿Y usted?