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¿POR QUÉ LA POLITICA Y LOS POLITICOS TIENEN TAN MALA FAMA?

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No deja de ser incongruente y junto con ello deplorable y triste, que ya avanzado el Siglo XXI sea preciso reivindicar a la política. Si con ella nos referimos a la gestión de los asuntos públicos y/o al ejercicio del poder, dimensiones ambas de la polis de donde se deriva ese término, entonces lo más natural sería que nadie fuera o quisiera ser ajeno a la política. La política es diálogo, conciliación, acuerdos, sin embargo, a la política se la identifica más con los políticos que con esas prácticas, y a los políticos con honrosas y muy contadas excepciones, se les conoce como abusivos, convenencieros y corruptos. En la contemporánea sociedad de masas, la conducción del gobierno, y del estado, propicia que la política sea tarea de pocos en representación de muchos. Esos pocos que se encargan de encabezar la gestión pública reciben un consentimiento pasivo y con frecuencia desconfiado por parte de los ciudadanos. A pesar de recelos, dudas y sospechas fundadas, muchos ciudadanos respaldan a un partido u otro, se interesan por los protagonistas de la política y acuden a votar por algunos de ellos. Es decir, con todo y el desprestigio que padece la política es considerada, digamos que, bajo protesta, como una actividad necesaria. Todos los políticos son ciudadanos y todos los ciudadanos tienen derechos, entre los cuales se encuentra el derecho a hacer política o a no hacerla. Quienes no quieren involucrarse en tareas políticas formales, por ejemplo, en un partido, no por ello tienen más méritos que quienes sí lo hacen. Al contrario, hacer política de manera institucional puede considerarse como un privilegio, pero un privilegio que también implica sacrificios. En todo caso, quienes se mantienen fuera del quehacer político no por ello son más limpios ni están a salvo de practicar, en los ámbitos en donde se desempeñen, formas de corrupción como las que, a menudo con razón, se les reprochan a los políticos. Desdeñar a la política y promover el menosprecio por ella es una conducta cívicamente atrasada e incluso antidemocrática.   La mala fama que padece la política se debe a diversos factores. Mencionaremos cuatro de ellos. La corrupción y los abusos: Estos siempre han existido pues el ejercicio del poder político es propicio para que se cometan excesos y latrocinios. No es verdad que el poder corrompe invariablemente pero sí el poder absoluto crea condiciones para una mayor corrupción. El papel de los medios: Una de las funciones proverbiales de la prensa, y de manera más amplia de los medios de comunicación, es la vigilancia y, cuando hace falta, la denuncia de acciones y decisiones del poder político. Los medios de comunicación pueden develar y señalar, indagar y contribuir a comprender los defectos del sistema político y, de manera más amplia, de la sociedad toda. La sociedad desconfiada: Los ciudadanos se encuentran más organizados, son más suspicaces y más exigentes que en cualquier otra época. Por vías muy diversas, las personas involucradas en política no institucional suman miles y miles, aunque muchas de ellas por lo general no reconocen que hacen política. 4. Las redes socio digitales: Estas son una formidable y hasta ahora ilimitada colección de espacios en donde la libertad de expresión se ejerce sin restricciones y las personas se intercomunican cuando y con quienes quieren.   En las redes sociodigitales (Facebook, Twitter, Instagram, YouTube entre otras y, con rasgos diferentes, sistemas de comunicación como Messenger) la gente se apropia de la política, atisba a quienes la practican, los cuestiona y disemina o destruye sus discursos. Allí, toman desquite por los agravios que consideran les ha impuesto el poder político. Los memes y su transmisión viral ridiculizan y vilipendian a los protagonistas de la vida pública. De esa manera cuestionan y, con demasiada frecuencia, incluso hacen pedazos trayectorias y reputaciones. Reivindicar a la política es apostar a la construcción y entonces a la deliberación de opciones distintas. Si la política es indispensable, resulta preciso redimirla enfrentando los defectos y las circunstancias que han acentuado su desprestigio. Nota: – Algunos de los conceptos referidos son de la autoría del maestro Raúl Trejo Delarbre, investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

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