Actualmente, casi todas las democracias del mundo contemplan mecanismos de reelección de líderes de gobierno y representantes populares. La razón principal es muy sencilla: los ciudadanos deben tener el derecho no solo de elegir a sus gobernantes y representantes, sino también de exigirles cuentas, evaluar sus resultados y, en su caso, recontratarlos para otro periodo o despedirlos. La posibilidad de reelección inclina la balanza del poder político a favor de la sociedad porque invariablemente esta se vuelve un instrumento para determinar la suerte de sus representantes y líderes políticos. En las pasadas elecciones municipales, mucho se dijo, se habló y analizó sobre las causas que ocasionaron la derrota de MORENA a la alcaldía de la capital. Se echaron la culpa los unos a los otros, cuando lo cierto es que más allá de encontrar culpables y desgarrarse las vestiduras, han olvidado considerar y examinar el factor Toño Ochoa. En Durango, el ciudadano de a pie, el común y corriente, no se refiere a su presidente municipal como Licenciado o como Antonio, simple y sencillamente le decimos Toño por la natural razón de que el alcalde de la capital proyecta confianza, acercamiento y empatía con sus gobernados. Una de las razones y quizá la más poderosa por las cuales MORENA no obtuvo el triunfo en la capital, sin duda se debe a la buena imagen que Toño ha construido durante tres años. Para que arriesgarnos a probar otra opción si con la que tenemos nos va bien, para que arriesgarnos a poner en riesgo la estabilidad social que tenemos. Los asesores del partido guinda jamás le dieron importancia a los mas que buenos resultados de Toño Ochoa al frente del gobierno capitalino, en ningún momento calcularon el clamor de la mayoría, que, sin pensarlo dos veces, quería continuidad en el gobierno municipal, esto porque por primera vez han sido tomados en cuenta con novedosos programas sociales que dejan beneficio a la mayoría de la población, sobre todo a la más vulnerable, a la más necesitada. Toño Ochoa demostró tener una sensibilidad excepcional, lo cual es entendible dada su formación y sus raíces, dicho de otra amanera, los ciudadanos nos identificamos con Toño Ochoa porque lo consideramos uno de los nuestros. Un alcalde que en menos de tres años chulea la ciudad, que a través de los comedores comunitarios le devuelve las ganas de salir a delante a miles de familias, que implementa proyectos que podemos presumir más allá de los límites municipales, desde luego que merece repetir tres años más. La reelección municipal busca incentivar la buena gestión y la rendición de cuentas. Un alcalde que busca la reelección trata de cuidar su reputación frente a los electores y, por lo tanto, es menos proclive a realizar actos de corrupción (pues corre el riesgo de ser descubierto) que un alcalde sin posibilidades de reelección. En el largo plazo, esto se traduce en una mayor calidad de los servicios públicos. Justo así ha sido el gobierno de Toño Ochoa, un gobierno municipal sin mancha en el que los ciudadanos han depositado su confianza, misma que refrendaron en las elecciones del mes de junio. Fueron muchas las razones por las cuales MORENA no le interesó a la mayoría de la población, pero indudablemente que la de mayor peso fue que tenían enfrente a un candidato que durante tres años se ha dedicado a hacer las cosas bien y ha conseguido penetrar en todos los sectores y segmentos de la sociedad que aprueban su forma y estilo de conducirse como alcalde de la capital del estado. Al paso que va y de seguir gobernando con la misma intensidad y buenos resultados, seguramente a Toño Ochoa le esperan cosas buenas para dentro de tres años.
