
Durango vivió este sábado un acontecimiento político sin precedente. La visita de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, no solo dejó anuncios de gran calado para la infraestructura, el campo y el bienestar social, sino que también marcó un punto de quiebre en la política local: el gobernador Esteban Villegas Villarreal se declaró abiertamente Claudista.
Con la velaria de la Feria Nacional Villista repleta hasta los límites —una postal que rara vez se ha visto en la historia política de Durango—, Sheinbaum anunció un programa integral para la producción de carne en Durango, Sonora y Coahuila, con una inversión de 700 millones de pesos que fortalecerá al pequeño productor con sementales, fondos para la engorda y un centro de producción de calidad para exportación. Una apuesta clara por la autosuficiencia y el desarrollo regional.
Pero más allá de los anuncios, lo que quedó grabado fue el gesto político. Villegas, un gobernador que llegó al poder bajo las siglas del PRI y el PAN, pidió un aplauso de pie para la presidenta y pronunció una frase que resuena fuerte en la arena política: “Soy Claudista, que no se les olvide”.
Ese posicionamiento rompe inercias y abre lecturas. En primer lugar, evidencia que la gobernabilidad de Durango pasa por el reconocimiento del peso político de la Cuarta Transformación y de la figura presidencial. En segundo, muestra a un Esteban que ha entendido que el futuro de su administración depende del buen entendimiento con el gobierno federal, más allá de banderas partidistas.
La visita de Sheinbaum no fue solo un acto protocolario; fue un despliegue de compromisos concretos: caminos artesanales en Mezquital, miles de viviendas de interés social, avances en el programa Agua Saludable en La Laguna, la futura presa Tunal II, nuevas preparatorias y la Universidad Rosario Castellanos. Todo ello acompañado de la confirmación de que más de 830 mil duranguenses reciben apoyos directos de los programas de Bienestar.
La narrativa fue clara: la transformación avanza y Durango está en la ruta. La política, sin embargo, dio un giro inesperado con la declaración de Villegas. Esa frase —Soy Claudista— lo coloca como un actor pragmático, que entiende que la lealtad política hoy se mide no en siglas, sino en resultados y cercanía con el poder presidencial.
Durango, históricamente marcado por los desencuentros entre niveles de gobierno, puede estar ante un nuevo capítulo de coordinación. La pregunta es si este espaldarazo será suficiente para garantizar que los proyectos federales se traduzcan en bienestar tangible para la ciudadanía.
Lo cierto es que Esteban Villegas, al declararse Claudista, no solo mostró un acto de respaldo: envió un mensaje estratégico de supervivencia política y gobernabilidad. Y en esa jugada, Durango también gana.