
Para gran parte del mundo de la izquierda, el célebre guerrillero, político, escritor y revolucionario comunista argentino Ernesto Guevara (1928-1967), mejor conocido como “El Che Guevara”, es un mito latinoamericano y símbolo perenne de la lucha contra las injusticias sociales, basada en la revolución política, el antimperialismo, el marxismo y el comunismo. Sin embargo, el hombre que se definía a sí mismo como “un pequeño condotiero (soldado mercenario italiano de la Edad Media) del siglo XX” y que escribió que “el verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor”, escondía también un peligroso lado oscuro, donde hacía gala de una insana pasión por la muerte y la violencia, además de una galopante homofobia. En una carta escrita a su padre en Argentina, el Che admitía lo siguiente: “Tengo que confesarte, papá, que realmente me gusta matar”, mientras que en uno de sus escritos políticos opinaba que “para enviar hombres al pelotón de fusilamiento no es necesaria la prueba judicial. Ese procedimiento es un detalle burgués arcaico. ¡Esta es una revolución! Y un revolucionario debe ser una fría máquina de matar motivado por odio puro”. En 1964, desde la tribuna de las Naciones Unidas, Ernesto, mejor conocido como Neto o el Che, tras ser consultado por los fusilamientos sumarios arbitrarios que se habían implementado tras el triunfo de la revolución cubana en 1959, no se mostró arrepentido e incluso se vanaglorió de aquello: “Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”, declaró. En cuanto a otro lado desconocido de su personalidad, el Che Guevara, al igual que Fidel Castro, profesaba un odio declarado a los homosexuales, a quienes calificaba de “pervertidos” e “incapaces”, pues representaban todo lo contrario a su ideal del “hombre nuevo”, el renovado ser humano que debía surgir en Cuba después de la revolución. Jacobo Machover, escritor y periodista y exiliado cubano, autor del libro “La cara oculta del Che: desmitificación de un héroe romántico”, en una entrevista concedida a la BBC el año 2017, comentó que “suele olvidarse que fue el Che Guevara quien creó el primer campo de trabajo de Cuba, en la península Guanahacabibes. Una prisión donde metían a funcionarios y militantes del Partido Comunista que no habían cumplido con las normas, y que fue el primer paso hacia más campos iguales en 1960, tristemente conocidos como Unidad Militar de Ayuda a la Producción. Enclaves en los que fueron encerrados homosexuales, católicos y adeptos a las religiones afrocubanas. Esos centros eran como los campos de reclusión nazis. Sólo cambiaron la inscripción ‘El trabajo libera’ por ‘El trabajo los hará hombres’, claramente dirigido a los homosexuales, ya que ellos creían que el homosexualismo era una desviación patológica que podía curarse. El llamado Che, es una figura que ha sido magnificada por todas partes del mundo. Se lo considera un héroe revolucionario, un romántico, un humanista, cuando en realidad en Cuba, fue uno de los principales responsables de las ejecuciones que se produjeron en 1959 e incluso antes, cuando estaba en la Sierra Maestra luchando con Fidel Castro. Para muchos es una vergüenza seguir mostrando afiches y camisetas con la cara de alguien que es un verdadero asesino, y sin ninguna razón, de gente que no había sido juzgada. El Che sigue siendo un mito porque no se sabe toda la verdad. No se sabe suficientemente, en todo caso, el argentino Neto o el Che Guevara, un hombre que fue admirado durante décadas por escritores, políticos y cineastas de todo el mundo como una suerte de quijotesco paladín que luchó contra los molinos de viento imperialistas, y que pasó a la posteridad por su famoso retrato con boina, barba, cabello largo y mirada perdida, era en realidad un padre irresponsable que abandonó a sus hijos y además, un violento y fanático ególatra que no ha podido salir victorioso del juicio de la historia. Ernesto Neto el Che, fue dogmático, rencoroso, envidioso, arrogante, soberbio, mentiroso, racista, carente de moral, mercenario y homófobo. Una fría máquina de matar que el fanatismo de la izquierda ha convertido en héroe.
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