
En un mundo donde el ruido y la distracción ahogan el alma, existen dos palabras que resuenan a través de la historia en la liturgia y corazón de cada creyente: Laus Deo que en latín significa Alabado sea Dios. Estas palabras no son un simple eslogan religioso ni una expresión vacía, sino un recordatorio profundo de la razón última de nuestra existencia. La expresión latina que significa ‘alabado sea Dios’ suele encontrarse escrita al final de códices y libros; también se emplea como fórmula de salutación religiosa al entrar en una casa y, sobre todo, en instituciones religiosas. En más detalle, Laus en latín, significa “alabanza” o “elogio”. Se refiere a la acción de reconocer y expresar admiración por alguien o algo, en este caso, Dios. Y Deo es el caso dativo del sustantivo latino “Deus”, que significa “Dios”. El caso dativo indica la persona o cosa a la que se dirige la acción (la alabanza). Pero que significa realmente Laus Deo. Desde el Genesis hasta el Apocalipsis, la sagrada escritura está impregnada de este espíritu de alabanza. Desde los primeros cristianos hasta nuestros días, la Iglesia ha mantenido Laus Deo en el centro de su vida. Por ejemplo, en la liturgia cada aleluya es un eco de Laus Deo. Otro ejemplo son las grandes construcciones cristianas, prueba de ello es que, en la cúspide del obelisco de Washington, se encuentra la inscripción Laus Deo, recordando que todo logro humano debe estar orientado a Dios. Laus Deo es lema del Vizconde de Arbuthnott y de la Escuela de Gramática de Sydney. Vivimos en una era de ansiedad, materialismo y desesperanza. Muchos buscan sentido en ideologías pasajeras, en la tecnología o en el placer, pero nada sacia el alma como la alabanza a Dios, el Dios que sea, como cada uno lo conciba, pero que exista la alabanza, pues esta es el mejor antídoto contra la autosuficiencia, la soberbia y la desesperanza. Cada vez que decimos Laus Deo nos unimos a la liturgia celestial. San Agustín decía que quien canta bien ora dos veces, pero quien alaba, anticipa la eternidad. No basta con comprender la alabanza, también hay que practicarla, esto se debe hacer diariamente. Al despertar Laus Deo por este nuevo día, al acostarse Laus Deo por cada bendición recibida durante el día, en la adversidad, en el trabajo. Alabar a Dios hace a las personas más piadosas, más felices y más libres, por eso no hay que esperar momentos especiales para decir Laus Deo. Estas dos palabras que juntas son siete letras, se escribían al final de un libro o se pronunciaban al término de alguna obra u operación; a veces se repiten aún hoy para expresar satisfacción por un trabajo finalmente completado o la realización de algo largamente esperado. Beethoven era un hombre profundamente religioso y la fe era una parte importante de su vida y obra. La frase “Laus Deo” es una expresión de gratitud hacia Dios por los dones musicales que había recibido. A pesar de sus problemas de salud, como la sordera, Beethoven mantuvo su fe y la expresión “Laus Deo” es un reflejo de su resiliencia. Beethoven utilizaba esta frase en sus manuscritos, tanto como una firma personal como una declaración de su creencia. La inclusión de “Laus Deo” en sus obras no solo era una cuestión religiosa, sino también una forma de expresar su propia visión del mundo y su relación con lo divino. De manera que sobran razones para expresar ¡Laus Deo Semper …Alabado sea Dios siempre! Email: ogjimenez66@ hotma