
En Durango el sector de micro, pequeñas y medianas empresas representa una parte casi total del tejido productivo: 99.8 % de los establecimientos empresariales pertenecen a MiPyMEs, con una fuerte presencia en comercio y servicios. Además, las pequeñas y medianas empresas contribuyen con cerca del 35 % del PIB estatal y generan aproximadamente 70 % del empleo formal local, siendo también cruciales para la ocupación informal y el sustento familiar. Este peso económico evidencia que las MiPyMEs no sólo son numerosas, sino estratégicas para la economía duranguense; sin embargo, su impacto está condicionado por múltiples barreras que limitan su crecimiento sostenido.
Empresarios dueños de estas micro, pequeñas y medianas empresas, enfrentan diferentes barreras estructurales y económicas, tales como el acceso limitado a financiamiento formal, esto, ya que muchos emprendedores tienen dificultades para acceder a crédito bancario o a capital semilla debido a: falta de historial crediticio, requisitos documentales complejos o altos costos financieros.
Por otro lado, la alta tasa de informalidad es otra barrera, esto porque en Durango, una proporción significativa de negocios familiares y microempresas permanece fuera de la formalidad por: trámites fiscales y administrativos percibidos como complejos o costosos y la carga de obligaciones patronales que incrementa los costos operativos. Esta informalidad limita el acceso a apoyos gubernamentales, créditos y estabilidad laboral.
En el ámbito de mercados, la falta de acceso a mercados más amplios y cadenas de valor consolidadas dificulta la comercialización de productos duranguenses más allá del ámbito local. Aunque existen esfuerzos de vinculación empresarial, estos todavía no son suficientes para cubrir toda la demanda de crecimiento.
Los Factores regulatorios, legales y políticos manifiestan una complejidad regulatoria y carga administrativa, es decir, las MiPyMEs enfrentan una regulación que, aunque busca formalizar, termina siendo onerosa en términos de: costos de cumplimiento fiscal, obligaciones patronales y requisitos para permisos y licencias. Esta complejidad puede disuadir la formalización o incluso provocar la permanencia en la informalidad.
En este sentido, la política pública y apoyo estatal representan un factor importante, ya que, si bien la Secretaría de Desarrollo Económico de Durango (SEDECO) promueve programas de capacitación, planes de negocio y apoyo a la formalización empresarial, la cobertura y alcance aún deben ampliarse para beneficiar a más emprendedores.
No hay que desdeñar los factores culturales y sociales, mismos que nos indican que en México persiste, en determinados segmentos sociales, una reserva cultural hacia el fracaso empresarial que desalienta la asunción de riesgos calculados. La falta de tradición de networking empresarial y de redes de mentoría limita el flujo de conocimiento entre generaciones de emprendedores, lo cual impacta la calidad de las decisiones estratégicas iniciales. Esto, aunado a las brechas en educación técnica, financiera y de gestión empresarial son barreras significativas, especialmente para emprendedores jóvenes o sin experiencia previa y la necesidad de formación en temas como planificación financiera, modelos de negocio y competitividad digital es un desafío persistente para muchos nuevos negocios.
Finalmente, la importancia del crecimiento económico desde el sector privado comprende la generación de empleo y bienestar social en el sentido de que las MiPyMEs son responsables de generar la mayor parte de empleos en Durango, tanto formales como informales, contribuyendo directamente al ingreso y estabilidad de miles de hogares. La diversificación económica y resiliencia, es decir, un sector privado dinámico y diversificado reduce la dependencia de industrias extractivas o de grandes corporaciones, haciendo la economía regional más resiliente ante choques externos o crisis sectoriales.
Además, el crecimiento sostenido del sector privado promueve innovación, mejor competitividad, mayor productividad y un entorno empresarial más atractivo para inversiones futuras. Empresas más formales y productivas amplían la base fiscal, permitiendo a gobiernos locales y estatales invertir en infraestructura, salud, educación y servicios públicos de calidad.
Los empresarios y emprendedores en Durango enfrentan un entramado de barreras interrelacionadas: desde la informalidad, acceso limitado a financiamiento, cargas regulatorias, brechas tecnológicas y educativas, hasta factores culturales y de mercado. A pesar de ello, el crecimiento económico sostenible desde el sector privado no es sólo importante, sino esencial para la competitividad, empleo y desarrollo social del Estado de Durango.