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Betzabé y el límite al machismo político

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ANÁLISIS DE ALTURA
15/03/2026

En el vocabulario de muchos políticos mexicanos referirse a las mujeres ha sido, durante décadas, una oportunidad para la burla, el insulto o la hilaridad fácil. No es un fenómeno nuevo ni aislado. Forma parte de una cultura política que durante mucho tiempo normalizó expresiones machistas como si se tratara de simples ocurrencias o chascarrillos.

La semana pasada, el jueves 12 de marzo, algo de eso volvió a ocurrir en el Cabildo de Gomez Palacio Durante su participación, el regidor panista Francisco Bueno Flores utilizó la palabra “viejas” dentro de un ejemplo para ilustrar un argumento. Hay que decirlo con claridad, no lo hizo con la intención directa de insultar a alguien en particular. Sin embargo, su expresión exhibe algo igualmente preocupante, una enorme ignorancia sobre el peso del lenguaje y sobre el respeto que exige la investidura pública. Porque no es lo mismo una conversación de sobremesa que una intervención en Cabildo. En ese espacio institucional cada palabra pesa, cada expresión tiene un significado político y social. Quien ocupa una regiduría no habla solamente a título personal, habla desde una representación pública y desde un lugar que exige responsabilidad.

Fue entonces cuando intervino la presidenta municipal Betzabé Martínez Arango. Primero para poner orden. Ante el intento de algunos regidores de convertir la sesión en un intercambio de provocaciones, recordó algo elemental, el Cabildo no está para confrontaciones estériles sino para resolver los asuntos que le importan al pueblo. Pero su segunda intervención fue todavía más significativa. Con firmeza y claridad pidió evitar referirse a las mujeres, incluso en ejemplos, como “viejas” dentro del Cabildo. Fue una corrección sencilla, directa y profundamente necesaria.

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En ese momento Betzabé no habló solamente como alcaldesa. En su voz se expresó el sentir de millones de mujeres que durante demasiado tiempo han tenido que escuchar cómo desde la política se banaliza su dignidad. Su postura mostró sensibilidad, inteligencia política y, sobre todo, una comprensión clara de que el lenguaje también construye cultura.

El episodio también sirve para recordar que este tipo de expresiones no surgen de la nada. La historia política mexicana está llena de frases que hoy resultan vergonzosas. Desde aquel “viejerío” pronunciado por Diego Fernández de Cevallos, hasta la tristemente célebre referencia de Vicente Fox a las “lavadoras de dos patas”. También aquella frase del empresario y político Carlos Hank Rhon cuando dijo que su animal favorito era “la mujer”. A ello se suman posturas profundamente conservadoras como las expresadas en su momento por Carlos Abascal Carranza, quien llegó a justificar públicamente que una mujer debía privilegiar su papel en el hogar incluso por encima de su desarrollo profesional.

Pero algunos de sus protagonistas parecen empeñados en demostrar que no han aprendido nada. Hace apenas unos días el propio Diego Fernández de Cevallos volvió a exhibir esa arrogancia que lo ha acompañado durante décadas. Intentando justificar el uso de la palabra “viejerío”, terminó dirigiendo un insulto directo a la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, al afirmar que no mostraba una “cabeza fría, sino vacía”. No se trata de una crítica política ni de un debate de ideas. Es un agravio vulgar dirigido a una mujer que además encabeza el Poder Ejecutivo de este país. Y viniendo de quien viene, confirma algo que la historia política de México ya conoce bien. Fernández de Cevallos siempre ha sido un personaje acostumbrado a la descalificación, al exceso verbal y a la soberbia, un político formado en una cultura donde el agravio se celebraba como si fuera ingenio.

La misoginia en la política suele presentarse disfrazada de humor, de ironía o de supuesta franqueza. Pero en el fondo es otra cosa. Es el reflejo de una visión profundamente conservadora que durante décadas relegó a las mujeres a un papel secundario en la vida pública. Hoy ese discurso está cada vez más identificado. Y también cada vez más cuestionado. Los sectores que todavía lo celebran son visibles, pero afortunadamente cada vez son menos.

Por eso la intervención de Betzabé Martínez en el Cabildo de Gómez Palacio tiene un valor que va más allá del momento. Fue un recordatorio de que el respeto no es un detalle menor y de que la política también se mide por la dignidad con la que se ejerce la palabra. En una época donde el lenguaje revela con claridad la calidad de la política, lo ocurrido deja una lección sencilla. Los tiempos del chiste machista y de la ocurrencia misógina están quedando atrás. Y cada vez hay más mujeres, y también más hombres, dispuestos a decirlo con claridad.

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