
México es un destino paradisiaco, pero también místico y hasta mágico. Hogar de grandes sucesos inexplicables que llevan al asombro a propios y extraños. La historia de Pachita es una de las más fascinantes y enigmáticas de la medicina alternativa en México. La fe (que mueve montañas), el chamanismo, la brujería, el Cirque Du Soleil y la teoría cuántica, tienen una intrínseca relación que tiene que ver con la realidad y su percepción. Cuando se dice que cada cabeza es un mundo, queda claro que cada persona tiene su propia interpretación de lo que acontece a su alrededor; es como la vista de una moneda, que, siendo el mismo objeto, lo perciben de manera distinta dos observadores situados en posición encontrada. México es destino atractivo para aquellos que gustan explorar las sendas esotéricas y del misticismo. A lo largo de su historia, en nuestro país han aparecido personajes que rayan en lo paranormal y santos apócrifos como el Niño Fidencio o María Sabina. Sin duda, uno de estos seres humanos que ha marcado la vida espiritual del país es Pachita, una chamana que fue objeto de estudio del científico Jacobo Grinberg, y cuya vida estuvo sumergida en el misterio. Pachita era una curandera que practicaba cirugías espirituales en su casa en la Ciudad de México durante los años 50 y 60. Su técnica consistía en hacer incisiones en el cuerpo de sus pacientes sin utilizar anestesia ni instrumentos quirúrgicos convencionales, sino más bien con sus propias manos y, según se dice, con la ayuda de espíritus curanderos. La fama de Pachita se extendió rápidamente y pronto atrajo a pacientes de todo el mundo en busca de su tratamiento milagroso. En esta presentación, exploraremos la vida y obra de Pachita y la controversia que rodea su legado en la comunidad médica y espiritual. Bárbara Guerrero, mejor conocida como Pachita, fue una chamana muy reconocida en México. Nació en 1900 en el municipio de Parral, en Chihuahua, y falleció el 29 de abril de 1979 en la Ciudad de México. El científico mexicano Jacobo Grinberg dedicó parte de su vida a investigar la vida de Pachita y su trabajo como chamana. Él aseguraba que la mujer era capaz de hacer cirugías psíquicas y ella decía que lo lograba con la ayuda del tlatoani Cuauhtémoc. Al ser abandonada a una corta edad por su madre y padre, Pachita quedó a la tutela de Charles, un chamán afrodescendiente que le enseñó sobre curación y manejo energético. Durante la Revolución Mexicana,Pachita se enlistó en las tropas del general Francisco Villa. Además, fue cabaretera, cantante en el transporte público y vendedora de boletos de lotería. En la década de los 70, Pachita atendió a muchos de sus pacientes en la que ahora es conocida como la Casa de las Brujas,ubicada en la colonia Roma. En ese lugar, la curandera realizaba cirugías en las que abría a sus pacientes con un cuchillo de cocina para extraer órganos y colocar nuevos de manera milagrosa. Lo que más sorprende sobre Pachita hoy en día, aunque sigue habiendo escépticos, es que cerraba las heridas de sus pacientes usando solamente sus manos y sin dejar cicatriz. Jacobo Grinberg escribió en uno de sus libros que, durante sus operaciones, Pachita era capaz de materializar los órganos y tejidos que trasplantaría a sus pacientes, así como de hacer curaciones y diagnósticos a distancia “con un poder y exactitud colosales”. Sin embargo, algunas personas aseguraban que los órganos, en realidad, pertenecían a animalesy que un amigo médico se los daba. La chamana pedía a sus pacientes llevar una sábana, un litro de alcohol, algodón y vendas que les colocaba después de su cirugía. Al concluir, Pachita solamente les decía que guardaran reposo por tres días. A algunos, dependiendo de sus creencias, les recomendaba jarabes e infusiones de hierbas; a otros, medicina, rezos o reconectar con la Madre Tierra. Al cuarto día, los pacientes podían retomar sus actividades. Su fama alcanzó tal nivel que Salvador Freixedo, exsacerdote católico español y exmiembro de la Compañía de Jesús, se interesó en ella y sus populares cirugías. Respecto a las investigaciones de su trabajo y quienes acudían a su lugar de trabajo para observar las operaciones, Pachita dijo: “A mí me lleva la chingada con esa gente que viene a curiosear como si esto fuera un circo. Y luego vienen a invitarme a dar conferencias. ¿Yo qué les voy a decir? ¿Se imaginan a esta pendeja hablando en una conferencia? A mí me gustan las buenas obras, las que de veras ayudan “. Pachita quitaba el órgano defectuoso para colocar “otro” sin instrumentos médicos, ni morfina. La chamana nunca se atribuyó los dones como propios. Creyó que provenían de una fuente más poderosa. Decía que su cuerpo era poseído por el espíritu de Cuauhtémoc o “hermanito”, como cariñosamente le hablaba. Sus múltiples cualidades la llevaron años más tarde a formar parte de la historia como una de las chamanas más poderosas del país, a quien acudieron personalidades de la política.
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