
Ante el escenario complejo para Morena, derivado de las denuncias que han surgido por parte del gobierno de Estados Unidos, en contra de algunos perfiles importantes, como el caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, todo parece indicar que la posibilidad de la alianza entre el Revolucionario Institucional y Acción Nacional vuelve a tomar forma, y sentido, pues los dirigentes podrían estar cerca de sentarse en la mesa y definir los criterios que se deberán tomar en cuenta en esta coalición, de cara al proceso electoral del 2027; y es que el objetivo para estos institutos políticos, basados en la realidad que viven, será la de obtener mayores curules en San Lázaro, aunado a que buscarán ser competitivos en las 17 gubernaturas que estarán en juego.
Jorge Romero.
Si bien no es una decisión fácil, algunos militantes y representantes populares panistas ya han fijado una postura en cuanto a la conveniencia de mantener esta alianza, a pesar de que el dirigente nacional. Jorge Romero, ya dejó en claro que se busca “medir”, en términos electorales”, el “potencial” que tiene en las urnas el blanquiazul, algo que en otra circunstancia podría ser aceptable, pero no en un momento en el que el poder morenista podría estar mermado por esto que ya salió a la luz pública, y por lo que posiblemente también se conozca en las próximas semanas, pues hay quienes aseguran que la lista del gobierno de Estados Unidos incluye a otros tres gobernadores cuatroteístas, lo que pondría un “cerrojo” a las aspiraciones de muchos que estarán en las boletas el próximo año.
Alejandro Moreno.
Según comenta el diputado federal, Arturo Yáñez, ha sido el propio dirigente tricolor, Alejandro Moreno, quien ha convocado y ha dejado la “puerta” abierta para que oposición pueda participar en unidad, pues se ha comprendido desde este instituto político que solo de esta forma se le podrá vencer en las urnas a esa maquinaria electoral llamada Morena. “Alito”, a pesar de los señalamientos que tiene, de haberse adueñado del Revolucionario Institucional, y es a quien culpan de la salida de un importante número de cuadros, también se le deba dar el crédito que el dirigente nacional que más ha insistido en que la alianza se pueda “amarra” para el 2027; el asunto es que los acuerdos generen ese “ganar-ganar” para ambos partidos, y de eso dependerá el resultado.
Números.
Más allá de los discursos y las posiciones públicas, lo cierto es que la eventual alianza entre PRI y PAN tendrá que construirse con base en números, no en emociones. Los resultados de las últimas elecciones han dejado claro que, por separado, ambos partidos tienen dificultades para competir frente a Morena, pero juntos logran equilibrar, al menos en algunas regiones del país, la balanza electoral; además la suma de estructuras, liderazgos locales y voto “duro” podría representar una oportunidad real de arrebatar posiciones clave, particularmente en el Congreso Federal, donde cada curul cuenta en la definición del rumbo político y económico del país; sin embargo, el reto será evitar los errores del pasado, donde las candidaturas impuestas o mal negociadas terminaron por fracturar a la propia alianza desde dentro.
Definiciones.
El tiempo apremia y las definiciones no pueden postergarse demasiado, porque mientras la oposición debate, Morena también ajusta su estrategia frente a los señalamientos que enfrenta. La alianza PRI-PAN no solo deberá acordar candidaturas, sino construir una narrativa creíble que conecte con un electorado cada vez más crítico y menos dispuesto a votar por inercia; si logran consolidar un proyecto que vaya más allá de la simple suma de siglas, podrían convertirse en una alternativa competitiva no solo para el 2027, sino hasta llegar al 2030; de lo contrario, la oportunidad se diluirá entre cálculos internos y desconfianzas mutuas. Al final del día, la política no espera, y quien no toma decisiones a tiempo, termina viendo cómo otros ocupan ese espacio.