
No es la primera vez que en Durango se registra una supuesta desaparición que termina siendo falsa, lo ocurrido recientemente con el caso del maestro Manuel Alejandro volvió a poner sobre la mesa una situación que sucede más de lo que muchos imaginan, personas que deciden ausentarse voluntariamente, salir de casa, esconderse o simplemente no avisar a sus familiares dónde se encuentran.
Afortunadamente, muchos de estos reportes terminan resolviéndose en menos de 72 horas y las personas aparecen sanas y salvas; en muchos casos, no se trata de víctimas de un delito, sino de situaciones personales, discusiones familiares, decisiones impulsivas o personas que únicamente querían estar solas.
Sin embargo, aunque el desenlace no sea trágico, eso no significa que el problema sea menor.
Cada vez que se activa una ficha de búsqueda, la Fiscalía General del Estado de Durango moviliza personal, recursos y tiempo valioso.
La Unidad de Desaparición de Personas trabaja bajo presión constante atendiendo casos verdaderamente dolorosos, donde familias enteras viven una angustia real sin saber si volverán a ver a sus seres queridos.
Cuando una desaparición resulta ser voluntaria o falsa, inevitablemente se genera una movilización innecesaria que obliga a dividir esfuerzos y recursos que podrían estar enfocados en casos urgentes y legítimos.
Y no solamente se trata del desgaste institucional sino también se juega con la empatía de toda una sociedad y es que, la ciudadanía comparte fichas de búsqueda con la esperanza genuina de ayudar, además colectivos, autoridades y medios de comunicación se suman a una causa creyendo que existe una persona en peligro.
Por eso este tipo de situaciones no deberían normalizarse, si una persona necesita espacio, tuvo una discusión familiar o simplemente no quiere mantener contacto momentáneamente, existen maneras responsables de hacerlo sin generar alarma social.
Basta una llamada a un familiar, a la Fiscalía o incluso a los números de emergencia para informar que se encuentra bien y que únicamente desea permanecer incomunicado por decisión propia.
Incluso, si alguien atraviesa una crisis emocional o mental, existen líneas de apoyo psicológico como la Línea Amarilla, donde profesionales pueden brindar orientación y acompañamiento.
Hay que ser conscientes de que jugar con reportes de desaparición no es un asunto menor, así como realizar llamadas falsas a números de emergencia puede constituir un delito, también estas acciones pueden traer consecuencias legales y sociales innecesarias.
Durango necesita que los recursos destinados a la búsqueda de personas desaparecidas sean utilizados donde verdaderamente hacen falta, porque mientras alguien decide esconderse por voluntad propia, existe otra familia viviendo una tragedia real esperando que su ser querido vuelva a casa.
Cómo sociedad debemos cuidar los recursos, respetar el trabajo de las autoridades y actuar con responsabilidad y de esa manera podremos ayudar a quienes sí lo necesitan.