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No es que haya ganado el PRI en Coahuila, sino ¿cómo?

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Quetzal Herrera Ruiz
La grilla del pájaro
09/06/2026

El pasado domingo Coahuila vivió una jornada electoral, para la renovación del Congreso del Estado, donde la atención nacional se centró en la tendencia que los resultados en las urnas reflejaran. El Partido Revolucionario Institucional (PRI), junto a Unidad Democrática de Coahuila (UDC), obtuvieron un triunfo que, para muchos era algo que se podía dar toda vez que el tricolor gobierna la entidad, sino cómo lo hicieron, pues obtuvieron el “carro completo”, ganaron 16 distritos de 16 en juego, algo que desde luego genera una imagen positiva para este partido. Morena y el Partido del Trabajo, que compitieron en alianza, no ganaron absolutamente ninguno, y ahora se quejan de que hubo “compra de votos”, al grado que Citlalli Hernández acusa de que se “lucró con la pobreza”, algo de lo que saben hacer bien desde el cuatroteísmo. Todo esto ha sido una “bocanada” de aire puro para el partido dirigido por Alejandro Moreno, pensando en cómo se va a actuar rumbo al proceso 2027, porque tanto Acción Nacional como Movimiento Ciudadano, que estarían perdiendo el registro estatal, deberán replantear si el próximo año van solos o en alianza.

Soberbia.
Lo ocurrido en Coahuila también exhibe uno de los principales problemas de Morena, la soberbia. Durante años se acostumbraron a ganar prácticamente todo y a construir una narrativa donde cualquier derrota era producto de conspiraciones, campañas negras o intervenciones ajenas; ahora, frente a una “paliza” electoral, la respuesta inmediata fue acusar compra de votos y utilización de programas sociales. Resulta irónico que quienes durante años fueron señalados precisamente por lucrar electoralmente con la pobreza, hoy recurran al mismo argumento para justificar una derrota. Más allá de las denuncias, lo cierto es que los números son contundentes y reflejan que el partido guinda tampoco es invencible, aunque desde Palacio Nacional se haya querido construir esa percepción.

Narrativa.
La derrota también representa un golpe a la credibilidad del discurso morenista. Durante meses se insistió en que la aceptación presidencial y la fortaleza del movimiento serían suficientes para arrasar en cualquier elección; sin embargo, la realidad demostró que las campañas locales, los candidatos y las estructuras territoriales siguen teniendo peso. Perder los 16 distritos es una señal de alarma para un partido que se había acostumbrado a presumir triunfos como prueba de una supuesta superioridad moral y política, porque una cosa es perder algunos espacios y otra muy distinta es quedarse completamente en blanco. El mensaje enviado desde las urnas no puede minimizarse ni esconderse detrás de discursos “victimistas”. Fue una terrible “bienvenida” para Ariadna Montiel al frente del partido.

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Consecuencias.
Pensando en el 2027, Morena tendrá que hacer una profunda revisión interna; pues no basta con culpar a los adversarios o repetir que existe una guerra en contra del movimiento. La realidad es que las divisiones internas, las imposiciones de candidaturas y la confianza excesiva comienzan a tener sus efectos negativos. Además, estos resultados ofrecen oxígeno a la oposición, particularmente al PRI, que encuentra argumentos para sostener que aún tiene capacidad de competir y ganar. El PAN y MC deberán decidir si continúan por separado o si buscan acuerdos, pero quien seguramente tendrá que replantear muchas cosas es Morena, porque una derrota de esta magnitud inevitablemente deja dudas sobre la eficacia de su estrategia política.

Credibilidad.
Quizá lo más delicado para el partido gobernante no sea haber perdido en Coahuila, sino que cada vez resulta más complicado convencer a la opinión pública de que todas sus derrotas obedecen a factores externos. Quieran o no, las supuestas ligas de algunos gobernantes morenistas con grupos delincuenciales, también les está cobrando “factura” en las urnas, y por ende su credibilidad se ve debilitada. Si la Presidenta insiste en defender a personajes como Rubén Rocha Moya, en lugar de “apostarle” por hacer cumplir la ley, esos seguirán siendo los resultados, a pesar de lo que representan, en las urnas, los programas sociales.

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Egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García; conductor de los programas "El Pájaro Pregunta" y "Las Mañaneras del Pájaro"; columnista en el Órale Qué Chiquito.
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