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La prioridad número uno: el mensaje que Washington envía a México

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Felipe Correa
400 Palabras
26/06/2026

En política, las palabras suelen ser tan importantes como las acciones. Cuando el director de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), Terry Cole, afirmó esta semana que el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) son la “prioridad número uno” de la agencia, no realizó una declaración ordinaria. Envió un mensaje político, institucional y estratégico que merece ser interpretado más allá de los titulares.

Las frases utilizadas por Cole no fueron casuales. Habló de una amenaza “como nunca antes habíamos visto”. Aseguró que los cárteles mexicanos han destruido familias, devastado comunidades y puesto a prueba a las fuerzas del orden estadounidenses. Incluso afirmó que la DEA está “cazando” a cada facilitador, distribuidor y persona que obtenga ganancias del tráfico de fentanilo.

El lenguaje importa porque revela la dimensión con la que Washington está observando el fenómeno.

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Durante décadas, el narcotráfico fue tratado principalmente como un problema criminal. Hoy, la narrativa estadounidense ha evolucionado hacia una lógica de seguridad nacional. El enemigo ya no es visto únicamente como una organización dedicada al tráfico de drogas, sino como una estructura transnacional capaz de afectar la estabilidad social, la salud pública y la seguridad interna de Estados Unidos.

Quizá por ello la declaración más significativa de Terry Cole no fue la referencia al decomiso de más de 14 mil kilogramos de fentanilo o los más de 62 millones de pastillas aseguradas. Lo verdaderamente relevante es que la DEA afirma encontrarse más alineada, enfocada y comprometida que nunca en una ofensiva global contra estas organizaciones.

En otras palabras, Washington está comunicando que la lucha contra el fentanilo se ha convertido en una prioridad estratégica permanente.

Sun Tzu escribió hace más de dos mil años que “toda guerra se basa en el engaño”. La frase suele interpretarse desde una perspectiva militar, pero también tiene una lectura política. Las naciones suelen anunciar sus prioridades antes de desplegar completamente sus capacidades. Las declaraciones públicas sirven para preparar el terreno, enviar señales a aliados, advertir a adversarios y justificar futuras decisiones.

La pregunta entonces no es qué dijo la DEA, sino qué significa realmente que lo haya dicho.

La respuesta apunta hacia un endurecimiento de la presión internacional sobre las organizaciones criminales mexicanas, pero también sobre todos aquellos actores que facilitan sus operaciones financieras, logísticas y comerciales. Cuando Terry Cole afirma que perseguirán a cada individuo que se beneficie del fentanilo, está ampliando el campo de batalla mucho más allá de los líderes visibles de los cárteles.

Otro de los principios de Sun Tzu señala que “la mejor victoria es vencer sin combatir”. En el contexto actual, esto podría traducirse en el uso creciente de sanciones financieras, operaciones de inteligencia, cooperación internacional, bloqueos económicos y acciones judiciales transfronterizas destinadas a debilitar las estructuras criminales antes de llegar a una confrontación directa.

El mensaje obviamente también tiene implicaciones para México.

La insistencia estadounidense en vincular la crisis del fentanilo con los cárteles mexicanos continuará ocupando un lugar central en la agenda bilateral. La seguridad seguirá siendo uno de los temas más sensibles de la relación entre ambos países y, conforme avance el sexenio de Donald Trump, es previsible que aumenten las exigencias de resultados concretos en el combate a estas organizaciones.

Resulta igualmente significativo que Terry Cole describiera la meta de una “América libre de fentanilo” no como un eslogan, sino como una promesa institucional. Las promesas públicas generan expectativas y las expectativas suelen traducirse en presión política. Cuando un gobierno convierte un problema en una prioridad nacional, difícilmente puede permitirse mostrar pasividad.

Por eso la declaración de la DEA trasciende el ámbito policial. Es una señal dirigida a los cárteles, a los gobiernos, a los sistemas de justicia y a la opinión pública.

Sun Tzu advertía que quien no comprende la naturaleza de la batalla está condenado a combatirla en desventaja. Y la batalla que hoy describe la DEA ya no es únicamente contra el narcotráfico. Es una disputa por la seguridad, la gobernabilidad y la capacidad de los Estados para enfrentar organizaciones criminales que han demostrado una extraordinaria habilidad para adaptarse y sobrevivir.

La advertencia ya fue emitida desde Washington. Ahora corresponde observar cuáles serán las acciones que acompañarán a las palabras. Porque en geopolítica, como en la guerra, los mensajes públicos rara vez son casuales y casi nunca son inocentes.

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Felipe Correa Politólogo de carrera, cuenta con experiencia en comunicación de crisis y aborda temas sociales. Participa en medios como Municipios Durango, Grupo Garza Limón y Lobos Cadena 7.
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