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LOS NADIES Y NADALANDIA, EL PAIS DE LOS NADIE.

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Gilberto Jiménez Carrillo
15/08/2026

En alguna página de “El libro de los abrazos” se encuentran unos versos del escritor uruguayo Eduardo Galeano en los cuales hace referencia a “los nadies” como los invisibilizados de nuestros días. Estas palabras nos invitan a poner la mirada sobre las personas de nuestra sociedad a las cuales, desde la indiferencia, les quitamos la identidad y sus derechos. En el siguiente poema del escritor uruguayo Eduardo Galeano se retrata a la perfección la situación en la que viven los marginados sociales, que, por su condición económica o étnica, quedan relegados a callejones oscuros, a pueblos perdidos o a asentamientos informales en la sociedad actual. Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata. Con su habitual estilo mordaz, irónico y afilado, Eduardo Galeano da protagonismo en su poema a quienes normalmente no lo tienen en la vida. No hablan de ellos los periódicos, no se acuerdan en sus discursos los políticos, no los miramos nosotros por la calle. Son los nadie, los que no son nadie. En una sociedad en la que uno es en la medida que tiene, los que no tienen nada no son. Y como no son, no son nadie. Los nadie son los excluidos, los marginados. En muchos países de Latinoamérica, son incluso personas que no cuentan en las estadísticas demográficas. No son tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones políticas, económicas o sociales. Su voz no es escuchada, aunque sus brazos son utilizados para crear riqueza. «No son seres humanos, sino recursos humanos». Además de ser olvidados en el día a día, también lo son cuando repasamos el pasado. Como dice Galeano: «No figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.» Son personas que, aunque trabajan duro para sacar sus vidas y a sus familias adelante, sólo salen en la prensa en la sección de sucesos. La historia no hace justicia con las personas humildes. Los nadie no son sólo los indigentes que podemos ver en las calles de las grandes ciudades de Latinoamérica. Lo son también los cientos de miles de indígenas que siguen viviendo según sus tradiciones. Poblaciones que se han visto sorprendidas por el avance del progreso en forma de hormigón, y que habitan muchas veces excluidos en los espacios urbanos. Los Estados no han sabido incorporarles a la sociedad y han quedado olvidados, como extraños, aunque es suya la tierra en la que viven. Un breve texto de Galeano titulado «El Descubrimiento» nos invita a reflexionar sobre esta cuestión: En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América,
descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo, y que ese dios había inventado la culpa y el vestido y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja. Los nadies, los ningunos, los ninguneados pueden (y deben) ser rescatados de la exclusión pues no dejan de ser personas y ciudadanos.  Los nadies es un texto hartamente difundido de Eduardo Galeano. De vez en cuando viene bien repasarlo y en lo posible tratar de vivenciarlo.  Los nadies están por todas partes, no se los puede invisibilizar. Lo esperanzador es que siempre hay solución, pero esto lleva tiempo, trabajo, compromiso, y fundamentalmente concretizar las políticas de inclusión social. Excelente reflexión para estos tiempos, donde hay pocos que tienen conciencia social. Pocos escritores y poetas dejan tanta huella por su paso por esta vida. Eduardo Galeano es y será un escritor y un amigo al que jamás se le podrá olvidar. Era tanta su sabiduría, su humanidad, su solidaridad, su empatía, su calidad literaria y personal… que difícilmente no perdurará su obra por los siglos de los siglos.

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