
El pasado 3 de junio fue una fecha que marcó a Durango, un enfrentamiento entre civiles armados y elementos de seguridad en el que un integrante de la Guardia Nacional perdió la vida encendió las alertas y llevó a reforzar las estrategias de seguridad en la entidad.
Con el paso de los días comenzaron a arribar más efectivos federales, entre ellos, integrantes de grupos especializados del Ejército Mexicano, además de otros contingentes que únicamente transitaron por territorio duranguense con destino a estados vecinos como Sinaloa y Zacatecas.
Sin embargo, como suele ocurrir, en redes sociales no faltaron las interpretaciones exageradas, algunos incluso comenzaron a difundir mensajes en tono de burla asegurando que “ahora sí llegó la ley a Durango”, minimizando el trabajo que durante años han realizado las corporaciones municipales y estatales.
Lo que muchos olvidan es que cada institución tiene funciones distintas, la presencia de fuerzas federales no significa que las autoridades locales hayan sido rebasadas, sino que forma parte de una estrategia de coordinación entre los tres órdenes de gobierno, de hecho, lo que se ha observado hasta ahora es precisamente eso, trabajo en conjunto.
También es importante dejar algo claro, la llegada de grupos especializados del Ejército no significa que Durango se encuentre en números rojos ni que haya perdido la tranquilidad que lo ha distinguido en comparación con otras entidades del país, por el contrario, Durango continúa apareciendo entre los estados con mejores indicadores de seguridad.
Por eso resulta equivocado construir una narrativa de crisis donde no la hay, reforzar la seguridad es una medida preventiva e inteligente.
Ningún gobernador, fiscal o secretario de seguridad que sea responsable se opondría a recibir más apoyo cuando se trata de proteger a la ciudadanía, estas acciones no llegan para sustituir esfuerzos, llegan para sumarse a ellos.
Lejos de generar temor, la presencia de estas corporaciones debería brindar confianza, cporque eso significa que existe coordinación institucional y voluntad para mantener la estabilidad que tanto trabajo ha costado construir.
Además, la seguridad nunca debe darse por sentada, hay que cuidarla, fortalecerla y defenderla, los duranguenses han logrado conservar una tranquilidad que en otras regiones del país se ha vuelto cada vez más difícil de encontrar y esa realidad merece ser protegida.
Por eso, la llegada de más elementos no debe interpretarse como una señal de alarma, sino como una muestra de prevención y respaldo.
Que se preocupen quienes viven al margen de la ley, porque el ciudadano que trabaja, estudia y construye diariamente este estado puede seguir caminando con tranquilidad por las calles de Durango.