
En En repetidas ocasiones he mencionado: ¿qué se puede decir de AMLO que no se haya dicho ya? Esto, basado en las posturas y afirmaciones antípodas que se dan entre amlovers y amlofóbicos. Por un lado, actúan como si pretendieran canonizarlo, verlo como alguien poseedor del don de la infalibilidad papal, otorgarle un reconocimiento total a una vida impoluta, la de un hombre cien por ciento bondadoso, bueno y virtuoso, casi, casi nacido sin pecado original. Por otro lado, le han pretendido cambiar hasta el nombre, afirmando que su verdadero nombre es Manuel Andrés, por lo que su acrónimo es realmente MALO y no AMLO. Que es grado 33 de una logia masónica con vocación luciferina, que practicaba rituales de magia negra para que sus marchas fueran un éxito, esto entre algunos dislates más.
Dentro del ámbito del esoterismo, del cual soy totalmente profano, he encontrado afirmaciones que van desde que López Obrador es la reencarnación de Francisco I. Madero y Benito Juárez, hasta que AMLO es un ANUNNAKI bueno que lucha contra los malvados reptilianos que pretenden dominar el mundo. Por increíble que pudiera parecer, todo lo antes mencionado, en mayor o menor medida, se puede encontrar en internet en general y en videos muy viralizados en la mayoría de las redes sociales.
Y es que, en este entorno, sin importar si la información es falsa o verdadera, lo que significa son tiempo de visualización, clics y “me gusta”, que a la postre se convierten en dinero. Habría que recordar que actualmente existen formas muy sofisticadas de faltar a la verdad. Ya no solo existe la desinformación o las simples mentiras; esto ha evolucionado a los deepfakes y las fake news, muchas veces generadas por IA. A ello se suma una infodemia, es decir, una abundancia de información, tanto veraz como falsa, además de múltiples teorías de la conspiración, narrativas complejas que atribuyen eventos o planes secretos, malévolos y perversos, a personas relacionadas con el poder. También podemos agregar el misleading, que consiste en utilizar datos reales, pero fuera de contexto o manipulados; el contenido impostor, mediante la suplantación de fuentes, por ejemplo, una página web que imite el diseño de un periódico para publicar falsedades; e incluso los memes, la sátira o la parodia, que pueden manejarse, con intención o sin ella, como si fueran noticias reales.
En lo antes expuesto hay que tomar en cuenta dos factores; el primero es la disonancia cognitiva, esto es el malestar psicológico que sentimos cuando tenemos dos ideas contradictorias al mismo tiempo, o cuando nuestras acciones no son congruentes con nuestras creencias y valores. Esto nos puede producir un sesgo de confirmación, ya que nos empeñamos en aceptar como verdadera aquella información que coincide con nuestras creencias o ideologías. El segundo es el más peligroso, pues nos da la certeza de que tenemos razón. Es conocido como la Cámara de eco (Echo chamber): los algoritmos de las redes sociales encierran a los usuarios en círculos donde solo ven información que refuerza su propia visión del mundo, bloqueando el pensamiento crítico y cualquier perspectiva contraria.
Un ejemplo reciente de todo lo anterior lo vimos con la polémica entrevista atribuida a Carlos Monsiváis. Con motivo del décimo sexto aniversario de su fallecimiento, el periodista Edmundo Cázarez revivió una entrevista realizada hace años, agregando afirmaciones sobre el expresidente López Obrador que nunca pudo demostrar. Entre ellas, la insinuación de que ambos sostuvieron una relación íntima y que AMLO vivió durante nueve años en la casa del escritor.
La familia de Monsiváis desmintió categóricamente esa versión, exigió al periodista presentar las pruebas de sus dichos o retractarse y ofrecer una disculpa pública. Sin embargo, pese a asegurar que contaba con el casete original de la entrevista, nunca pudo acreditarlo. Ante ello, EL UNIVERSAL retiró la publicación y ofreció una disculpa pública. La presidenta Claudia Sheinbaum calificó el hecho como grotesco.
Más lamentable aún fue la actuación de la senadora Lilly Téllez, quien no solo dio por ciertas las afirmaciones del periodista, sino que las llevó a la tribuna del Senado y las celebró con una amplia sonrisa. La máxima tribuna de la nación no debería utilizarse para amplificar rumores, insinuaciones o información sin verificar. Quienes ocupan un cargo de representación popular tienen la obligación de actuar con mayor responsabilidad.
Al final, el intento por desacreditar a López Obrador y, de paso, a la presidenta, terminó exhibiendo precisamente de lo que trata este artículo: una mentira que encontró eco entre quienes querían creerla, pero que finalmente quedó al descubierto. Lo ocurrido también representa un duro golpe para el periodista, cuya credibilidad quedó severamente comprometida al no poder sostener con pruebas una acusación de tal magnitud.
La oposición necesita construir una alternativa seria para México. Necesita debatir ideas, presentar propuestas y señalar los errores del gobierno con argumentos y evidencia, no sumarse a campañas de desprestigio burdas, corrientes y carentes de sustento. La crítica política fortalece la democracia cuando se ejerce con honestidad; cuando se basa en falsedades y montajes, pierde credibilidad y termina fortaleciendo precisamente a quienes pretende debilitar.