Como se mencionó en la entrega anterior, los alimentos transgénicos son los organismos genéticamente modificados a los que se les han añadido genes de otra especie para conseguir un producto con las características deseadas. Según la investigación, la legislación actual, obliga a que cualquier ingrediente procedente de una planta OGM debe ser declarado en la etiqueta. Asimismo, como se mencionó anteriormente, hay diversas críticas en contra de su uso derivado de la existencia de efectos negativos en la salud de las personas, tales como:
Aparición de nuevas alergias por introducción de nuevas proteínas en los alimentos.
Resistencia a antibióticos.
Presencia de nuevas sustancias tóxicas en los alimentos.
Incremento de la contaminación en los alimentos por un mayor uso de productos químicos en la agricultura.
En esta disyuntiva en la que, por un lado, es imperiosa la necesidad de aumentar la producción de alimentos para satisfacer a la población que cada día va en aumento y, por otro lado, las afectaciones a la salud y al medio ambiente que se generarían gracias a la puesta en práctica de las soluciones tecnológicas, las discusiones no han cesado e inclusive se ha formado un enramado cada vez más complejo pues se añade un ingrediente extra: los hábitos alimentarios de las personas se han modificado aumentando el consumo de animales.
Expertos en la materia han expresado sus opiniones al respecto, la investigadora Nancy Harlet Esquivel Marín, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM, en torno al consumo exponencial analizó cómo opera la ganadería intensiva, su impacto en diferentes escalas y las alternativas que se perfilan frente a un modelo cada vez más cuestionado. La experta explicó que la humanidad ha experimentado un aumento exponencial en el consumo de animales. En 1960, cada persona consumía un promedio de 2.5 animales al año; hoy, esa cifra supera los 7 animales per cápita y sigue creciendo, especialmente en Estados Unidos, Australia y Argentina, donde el consumo anual per cápita puede alcanzar los 100 kilogramos de productos animales. En América Latina también se observa una creciente demanda de carne, leche, huevos y otros derivados.
Ahora bien, el cultivo de los alimentos transgénicos sigue el modelo de agricultura industrial, el cual impacta negativamente al medio ambiente ya que:
Es destructivo ya que consume muchas cantidades de agua y petróleo.
Está asociado a la deforestación de ecosistemas.
Aplica productos químicos que provocan emisiones de gases de efecto invernadero, lo que supone mayor contribución al cambio climático.
Perjudica a los pequeños agricultores y productores y concentra el control de la agricultura en pocas manos.
Derivado de lo anterior, al momento no se podría saber con total certeza la pertinencia de recurrir a los alimentos transgénicos, pues suponen un riesgo a futuro tanto para las personas como para el medio ambiente. Se podría inferir pues que no hay nada mejor que lo natural, pero cuando esto no es suficiente, ¿a qué recurrimos?
Columna: Viento Favorable
Autora: Mtra. Jacquelinne Varona
X: @JackyVarona
