
Dice un viejo adagio que lo que funciona no se cambia. Esa fue, precisamente, la lógica que terminó imponiéndose en la renovación de la dirigencia del Comité Directivo Estatal del Partido Revolucionario Institucional. La fórmula integrada por Dany Soto y Fátima González, como presidenta y secretaria general, fue electa para conducir al PRI de Durango durante los próximos cuatro años.
Conviene recordar que ambas ya desempeñaban la dirigencia de manera interina, luego de que Arturo Yáñez solicitara licencia para asumir la diputación federal plurinominal que le fue otorgada por decisión de la dirigencia nacional encabezada por Alejandro Moreno. No es un dato menor. Arturo llegó a la presidencia estatal del PRI impulsado por el propio Moreno y posteriormente fue incorporado a la lista de diputados federales plurinominales, consolidando una trayectoria política estrechamente ligada al dirigente nacional.
Durante ese interinato, Dany Soto y Fátima González demostraron capacidad de operación política, disciplina y estabilidad interna. Su trabajo fue suficiente para generar confianza entre la militancia y, sobre todo, entre quienes tienen la responsabilidad de conducir el proyecto político del PRI en Durango.
Para nadie pasó desapercibido que, desde la salida de Arturo Yáñez, esta dupla fue vista con buenos ojos e impulsada por Esteban Villegas, quien recuperó para el PRI la gubernatura del estado en 2022. A diferencia de la dirigencia anterior, cuya principal referencia política se encontraba en el Comité Ejecutivo Nacional, Dany y Fátima privilegiaron el fortalecimiento del partido desde Durango, construyendo acuerdos, manteniendo la unidad y trabajando de la mano con el proyecto político estatal. Esa diferencia terminó marcando el rumbo de la elección.
Esteban Villegas tiene muy claro el tamaño de los retos que enfrentará el PRI en los próximos años. En 2027 estarán en juego la integración del Congreso del Estado y las cuatro diputaciones federales. Un año después se renovarán la gubernatura, los 39 ayuntamientos y cientos de regidurías. A ello se sumará un ingrediente político de enorme relevancia, la consulta de revocación de mandato de la presidenta Claudia Sheinbaum, un ejercicio que inevitablemente influirá en el ambiente político nacional y cuyos efectos en Durango no pueden subestimarse.
Frente a ese escenario, mantener una fórmula que ya fue puesta a prueba resulta una decisión lógica. La continuidad evita improvisaciones, reduce riesgos, fortalece la organización interna y permite concentrar los esfuerzos en la competencia electoral, en lugar de desgastar al partido en disputas internas.
La manera en que se desarrolló el proceso también deja varias lecturas. Aunque la convocatoria estableció el método de elección directa por la base militante, el respaldo de los sectores, las organizaciones, los comités seccionales y los principales liderazgos priistas fue tan amplio que únicamente se registró la fórmula encabezada por Dany Soto y Fátima González. Más que una ausencia de competencia, fue la expresión de un acuerdo político construido desde el interior del partido.
Hay, además, una lección que Alejandro Moreno debería observar con atención. Mientras la dirigencia nacional ha conducido al PRI a la peor crisis de su historia reciente, perdiendo gubernaturas, espacios legislativos y, sobre todo, la confianza de millones de ciudadanos, en Durango ocurrió exactamente lo contrario. Aquí el partido recuperó la gubernatura en 2022, mantiene una de las estructuras territoriales más competitivas del país y hoy renueva su dirigencia en un ambiente de unidad. Quizá la dirigencia nacional debería voltear hacia Durango para entender que los resultados no se construyen desde el escritorio, sino con trabajo político, cercanía con la militancia y liderazgos que conocen su territorio.
La elección de Dany Soto y Fátima González no representa únicamente la ratificación de un interinato. Representa la decisión de un partido que sabe que los próximos años exigirán experiencia, disciplina y unidad. A veces la política se obsesiona con cambiar por cambiar. El PRI de Durango optó por una ruta distinta, conservar aquello que le ha dado resultados. Será el tiempo, y sobre todo las urnas, las que confirmen si esa apuesta vuelve a traducirse en victorias electorales.