
No importa si un gobierno es encabezado por un hombre o una mujer, siempre existe un gabinete formal y otro real, el de la confianza, el que toma las decisiones que definen el rumbo. En el caso de Claudia Sheinbaum, esa dualidad mostró que se dio una transición de poder ordenada, pero real. A diferencia de lo que algunos afirman, Andrés Manuel López Obrador no se encuentra tras bambalinas ni busca dar línea a su sucesora. No le interesa el poder por el poder. Todos los hombres tienen un precio, y el de AMLO es el juicio de la historia, ya ganó la batalla que le correspondía derrotó al viejo sistema e implantó la #CuartaTransformación. Lo que ahora busca no es influir en el actual gobierno, sino el reconocimiento histórico como ungran reformador. Quienes imaginan un maximato o una figura que dirige desde Palenque, observan con los ojos del pasado, no comprenden que el liderazgo de Sheinbaum nace de una nueva etapa donde la continuidad no significa imposición, sino congruencia con un proyecto.
A un año de haber asumido la presidencia, Claudia Sheinbaum ha mostrado una conducción, sensata pero menos ruidosa. Ha logrado transmitir la idea de que el poder puede ejercerse sin confrontaciones innecesarias , pero con autoridad. En este primer tramo de gobierno, los resultados comienzan a ser muy claros: la disminución del 30% en los homicidios dolosos y una continuidad en la reducción en los índices de pobreza confirman que seguir con método y disciplina da frutos. Su estilo de gobierno privilegia la planeación sobre la improvisación, la ciencia sobre la ocurrencia y la institucionalidad sobre el enfrentamiento. Sheinbaum representa una nueva generación de poder: la del análisis, la del método, la de la eficacia probada. Su figura marca un contraste con la retórica del pasado pero sin romper con el movimiento que la llevó al poder. Su autoridad no depende del carisma, sino de trabajo, congruencia y resultados.
Esa congruencia ha quedado evidente en su mensaje más reciente: no habrá lujos, ni excesos, ni tentaciones de poder en su gobierno. Claudia ha recordado que la austeridad no es una consigna ideológica, sino un principio ético de gobierno. En ese sentido, ha enviado una señal directa a los integrantes de su gabinete y del propio movimiento: la lealtad no se demuestra con palabras, sino con hechos. Y más aún, ha sido contundente en que no protegerá a nadie, venga de donde venga. Mucho se ha hablado sobre presuntos actos de corrupción atribuidos a Adán Augusto López, Ricardo Monreal, Gerardo Fernández Noroña o incluso Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente. Sin embargo, hay que subrayar que estos nombres son sólo ejemplos, porque dentro del propio movimiento existen muchos personajes incómodos o muy cuestionados. Hasta hoy no existen pruebas fehacientes contra ninguno, pero si llegaran a encontrarse, a la presidenta no le temblará la mano para aplicar la ley, incluso contra los más cercanos, sean del gobierno anterior o del actual.
Su principal reto no está afuera, sino adentro. Depurar, ordenar y disciplinar son palabras que resumen el segundo piso de la #CuartaTransformación. El “corralito” durante su informe no fue un desaire, sino una señal de control político. Cada gesto, cada ausencia, cada palabra muestra que el poder ha cambiado totalmente de manos, pero no de rumbo. Sheinbaum gobierna con otra lógica: la de quien no busca protagonismo, sino resultados; la de quien entiende que el poder no se presume, se ejerce. En ese sentido, el país ha comenzado a presenciar una transición inédita: del liderazgo carismático al liderazgo racional, del movimiento a la institucionalidad, de la arenga al método.
Claudia Sheinbaum no es una continuación, es una evolución. Está construyendo su propio tiempo político, y su verdadero gabinete, el de la confianza y las decisiones, responde a una nueva forma de entender la autoridad: civil, científica y femenina. Un poder que no necesita deaspavientos para gobernar y hacerse escuchar. Si algo ha dejado claro en este primer año, es que la congruencia será su mejor escudo y la historia, será su juez.