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Entre la negación y el dogma, el sacrificio humano y la historia
De Cal y De Arena

Entre la negación y el dogma, el sacrificio humano y la historia

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Eduardo Ortega Solano
ANÁLISIS DE ALTURA
15/12/2025

El libro “Grandeza”, de Andrés Manuel López Obrador, puso en la palestra su postura negacionista sobre la práctica de los sacrificios humanos, costumbre atribuida a los pueblos originarios de México. El expresidente sostiene que esta fue una diatriba creada por Hernán Cortés, frailes y cronistas para marcar una diferencia entre la barbarie y la civilidad, y de esta forma justificar una aciaga y aberrante destrucción y conquista. Por supuesto, odiadores, detractores y adversarios de AMLO calificaron de manera instintiva y a priori esta afirmación como poco seria y sin sentido. En una posición antípoda se encuentra la otra postura, que da carácter de infalibilidad a cualquier afirmación de AMLO, dándole un tratamiento casi de dogma de fe. Todo ello sin que, de ninguna forma, se haya convertido en un debate informado y menos aún con sentido académico, pues las opiniones giran casi exclusivamente dentro de un entorno político y alrededor de la figura de AMLO.

Aunque poco difundido, este es un tema añejo. De ninguna forma la afirmación del expresidente es una idea nueva entre historiadores, antropólogos y estudiosos del tema. Desde hace siglos, la práctica del sacrificio humano en el imperio mexica ha polarizado la discusión. El espectro de opiniones abarca desde la negación total, al considerarlo un mito hispano, hasta la aceptación plena de las cuantiosas cifras de víctimas citadas en las crónicas de frailes y conquistadores. Según la arqueóloga Ximena Chávez Balderas, quien por su análisis de materiales óseos recuperados en el Templo Mayor se ha convertido en una de las principales especialistas, en algunos de sus libros publicados por el INAH  sostiene que la práctica del sacrificio humano es una verdad irrefutable, de acuerdo con fuentes históricas y arqueológicas. Sin embargo, los descubrimientos realizados desde hace poco más de un siglo matizan en mucho lo descrito por los españoles en sus crónicas.

La investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia sostiene que la negación del sacrificio humano parte de un equívoco recurrente, asumir esta práctica como un indicador del grado de civilización. En realidad, se trató de una expresión religiosa común no solo en las culturas mesoamericanas, sino en diversas sociedades del mundo. En términos esenciales, y como lo indica la propia etimología, sacrificar significa hacer sagrado, es decir, convertir a un ser humano o a un animal en una vinculación con lo sagrado a través de su destrucción.

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La existencia de sacrificios humanos en el mundo mexica es innegable, sin embargo, queda claro que su práctica estuvo acotada a un ámbito religioso y místico, inscrito en una cosmovisión específica. Juzgar estos hechos desde parámetros morales contemporáneos conduce a interpretaciones reduccionistas que califican de bárbaros o incultos a pueblos que, en realidad, alcanzaron un notable grado de desarrollo. Basta observar la complejidad de su religión politeísta, la elaboración de calendarios rituales y solares, sus sistemas de escritura pictográfica, y sobre todo la monumentalidad de sus pirámides, templos y vestigios arquitectónicos, muchos de ellos de una escala y precisión que aún hoy asombran, así como la planificación urbana de ciudades como Tenochtitlan. A ello se suman sus avanzadas técnicas agrícolas, como las chinampas, y expresiones sofisticadas en el ámbito educativo, artístico y ritual, desde la poesía y la escultura hasta el juego de pelota, todas ellas evidencias de una civilización eminentemente culta que no puede ser explicada ni juzgada desde una visión simplista o anacrónica.

Agradecer la conquista y la destrucción de esta gran civilización por parte de los españoles es una verdadera aberración. Cierto que ese proceso dio origen, con el paso del tiempo, a una nueva civilización y a lo que hoy llamamos México, pero celebrar la destrucción de un mundo complejo y agradecerla sin más constituye un error  y un profundo desconocimiento histórico. No se puede omitir que, tras la llegada de los europeos en 1519, la violencia de la conquista, las masacres y la propagación de enfermedades frente a las cuales los pueblos originarios no tenían inmunidad provocaron una catástrofe demográfica sin precedentes.

La discusión sobre los sacrificios humanos no debería reducirse a bandos políticos ni a actos de fe. Comprender a los pueblos originarios exige abandonar el anacronismo y reconocer tanto sus prácticas religiosas como su profundo desarrollo cultural. Solo desde una lectura histórica honesta, que no niegue la violencia ni agradezca la destrucción, es posible construir una memoria que no simplifique el pasado ni lo utilice como instrumento de golpeteo político en la actualidad.

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Opinologo sin preferencia partidista. café, política y tecnología. Editorialista del periódico Órale que Chiquito, Columnas Análisis de Altura, Los Puntos Sobre i’es . Mesa política y Cueva de Lobos en Lobos Cadena 7
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