
Febrero se llena de corazones, flores y discursos sobre el amor, pero en medio de la celebración hay una conversación que seguimos evitando.
En Durango el aumento de suicidios en el 2026 no es una cifra fría, es un espejo incómodo que nos obliga a preguntarnos qué estamos haciendo mal como sociedad.
Duele aún más cuando vemos que nuevamente son los varones quienes encabezan las estadísticas, no porque sufran más, sino porque aprendieron a sufrir en silencio.
A los hombres, se les enseñó que llorar es debilidad, que hablar es exagerar, que pedir ayuda es fracasar y, el silencio, cuando se acumula, pesa más que cualquier problema.
Las deudas, la presión laboral, la angustia de no cumplir expectativas y la salud mental deteriorada son hoy algunos de los principales detonantes por los que los lleva a tomar esa terrible decisión.
El dinero se mueve, se trabaja, se renegocia, la muerte no, cuando alguien se quiebra por desesperación no desaparece solo, se lleva consigo un pedazo de su familia, deja culpas, preguntas eternas y un dolor que nunca olvida.
Por eso es urgente repetirlo, tu vida vale más que cualquier crisis, más que cualquier número en una cuenta, más que cualquier fracaso momentáneo. Decir lo que sienten no los hace menos hombres ni menos fuertes, los hace humanos.
Expresar miedo, tristeza o cansancio no es rendirse, es reconocer que nadie fue diseñado para resistir en soledad; los sentimientos deben declararse, sin forzar, sin imponer, pero también sin esconderse.
Hablar implica valentía, y escuchar implica aceptación; amar también es permitir que el otro diga lo que le pesa sin ridiculizarlo, sin minimizarlo, sin pedirle que se calle para encajar en un molde que ya demostró ser peligroso.
El 14 de febrero debería recordarnos que el amor no se celebra un día, se practica todos, amar es preguntar cómo estás y querer oír la respuesta real. Es acompañar, insistir, sostener; es entender que casi todo en la vida se supera si se comparte.
Lo único irreparable es tu partida por eso, habla, aunque tiemble la voz, declara lo que sientes, busca ayuda si el peso es demasiado; Ama, confía y vive.
Vive, maldita sea, porque quedarte es el acto más valiente que puedes hacer por ti y por quienes te aman.