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La verdad no debería costar la vida

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Perla Ibarra
DE TODO Y DE NADA
04/06/2026

A unos días de conmemorarse el Día de la Libertad de Expresión, una noticia vuelve a recordarnos los riesgos que implica ejercer el periodismo en México.

La desaparición de la periodista Roxana Guzmán en Veracruz ha encendido nuevamente las alarmas sobre una realidad que muchos conocen, pero que pocos se detienen a reflexionar, informar sigue siendo una actividad de alto riesgo.

Más allá de las investigaciones y de las distintas versiones que circulan sobre el caso, hay una verdad imposible de ignorar, cuando una persona es perseguida, amenazada o violentada por lo que escribe, publica o expresa, estamos frente a un atentado no solo contra un periodista, sino contra la libertad de todos.

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Y entonces surge una pregunta inevitable¿hasta dónde es válido escribir? La respuesta debería ser sencilla, “hasta donde llegue la verdad”, sin embargo, la realidad muchas veces demuestra lo contrario.
En nuestro país, ejercer el periodismo se ha convertido en una profesión que exige valor, porque decir lo que otros quieren ocultar puede traer consecuencias.

Informar a la ciudadanía no debería representar un riesgo; buscar la verdad, cuestionar, investigar y comunicar hechos de interés público tendría que ser una labor respaldada y protegida, sin embargo, con el paso de los años, el periodismo ha sido colocado en escenarios donde la presión, las amenazas y la inseguridad forman parte del día a día.

La libertad de expresión también debe entenderse desde la responsabilidad que tienen quienes ocupan espacios de poder, porque, cuando una figura pública señala, desacredita o invita a rechazar a un medio de comunicación, el mensaje no se queda en una simple opinión; las palabras tienen peso y, cuando provienen de quien gobierna un país, pueden generar consecuencias mucho mayores de las que se imaginan.

Por eso resultó preocupante que la presidenta Claudia Sheinbaum llamara públicamente a no consumir contenidos de TV Azteca, más allá de las diferencias que puedan existir entre un gobierno y un medio de comunicación, una Presidenta no habla únicamente a título personal; sus palabras tienen un peso político e institucional capaz de influir en la percepción de miles de personas.

Cuando desde el poder se señala a un medio, se corre el riesgo de fomentar un ambiente de confrontación que termina afectando no solo a una empresa, sino también a reporteros, conductores, fotógrafos, camarógrafos y trabajadores que forman parte de ella.

Los gobiernos deben ser los primeros en promover el respeto a la libertad de expresión, incluso cuando existan críticas incómodas o posturas contrarias a las suyas.

La crítica es parte de la democracia, pero el señalamiento desde el poder puede convertirse en una forma de presión; ningún gobierno debería utilizar su influencia para desacreditar o confrontar a los medios de comunicación, su responsabilidad es garantizar condiciones de libertad, seguridad y respeto para todos.

El respeto por el trabajo periodístico debe existir siempre, desde quien cubre deportes, cultura o espectáculos, hasta quien recorre las calles para informar sobre temas de seguridad y justicia, todos merecen las mismas garantías para realizar su labor; no hay periodismo pequeño ni periodista menos importante cuando el objetivo es mantener informada a la sociedad.

La libertad de expresión no debe ser solamente una fecha en el calendario, al contrario, debe traducirse en acciones concretas que protejan los derechos de quienes ejercen la comunicación, no se trata de privilegios, favores o de esperar un “chayo”, como comúnmente se dice; se trata de que nuestras palabras conserven su valor, que la información llegue a la ciudadanía y que la verdad tenga un espacio para ser contada.

En este Día de la Libertad de Expresión, el llamado es claro, respetemos el trabajo periodístico, defendamos la libertad de informar y entendamos que ninguna nota, investigación u opinión debería poner en riesgo la vida de quien la escribe.

El periodismo, como cualquier profesión, merece respeto y protección para quienes lo ejercen, porque, ningún médico debería temer por salvar una vida, ningún maestro por enseñar y ningún periodista por informar…

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