
Si alguna vez has visto el imponente monumento a la División del Norte en Chihuahua o la estatua de Álvaro Obregón en Ciudad de México, entonces ya conoces el trabajo de Ignacio Asúnsolo, uno de los escultores más importantes del siglo XX en México. Nacido el 15 de marzo de 1890 en la Hacienda de San Juan Bautista, en Durango, Asúnsolo pasó gran parte de su infancia en Hidalgo del Parral, Chihuahua. Desde pequeño, mostró un gran interés por la escultura, moldeando figuras en barro desde los seis años. Su pasión lo llevó a estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes en México entre 1908 y 1913. Posteriormente, perfeccionó su técnica en la prestigiosa École des Beaux-Arts de París y también realizó estudios en España. Asúnsolo creó algunas de las esculturas más emblemáticas del país. Su obra más conocida en Chihuahua es el Monumento a la División del Norte, que representa al legendario Pancho Villa y fue inaugurado en 1956. Este monumento, ubicado frente a la Universidad Autónoma de Chihuahua, es una de sus piezas más impresionantes. Conocer esta escultura es una parada obligada cuando se visita la ciudad de Chihuahua. A nivel nacional, Asúnsolo dejó su firma en numerosos monumentos, como: El Monumento a la Patria, en la terraza frente al Castillo de Chapultepec. La estatua de Álvaro Obregón, en Avenida Insurgentes, Ciudad de México. La Familia Proletaria, en el Instituto Politécnico Nacional. El Monumento a la Madre, en Monterrey. Además, fue el creador de la famosa estatuilla del Premio Ariel, el galardón más importante del cine mexicano, y también realizó las máscaras mortuorias de Diego Rivera y Álvaro Obregón. Francisco Montoya de la Cruz fue un gran visionario que logró captar las necesidades artísticas del Durango de antaño, mismas que siguen vigentes hasta nuestros días. Hablando del maestro Montoya, fue un gran pintor, muralista, escultor y sobre todo fue también un idealista artístico. ¿Una escuela de artes? Sí, Francisco Montoya tuvo también la misión de crear y fundar una escuela enfocada y dirigida para la formación de artistas, fue la primera en el norte del país por los años de los 50’s; hay que mencionar que era un adelantado para su época. Gracias a él contamos en nuestra ciudad con la Escuela de Pintura, Escultura y Artesanías de la Universidad Juárez de Estado de Durango, una formadora de artistas y creadores que han dado renombre a nuestro estado hablando local, regional, nacional e internacionalmente. Otro de los atributos del maestro Montoya, fue también la realización de esculturas, tanto de formato pequeño, así como de gran monumentalidad, uno de sus logros más connotados, fue la escultura ecuestre de Francisco Villa. De todas las esculturas ecuestres dedicadas a Francisco Villa, incluida la que López Portillo domo a la ciudad de Tucson, Arizona, por mucho la diseñada y creada por el maestro Montoya es la mas imponente y admirable que existe, una obra maestra sin duda. Conocer esta escultura es una parada obligada cuando se visita la ciudad de Durango. Una forma de rendir homenaje al maestro Montoya de la Cruz, consistiría en que el mantenimiento de la escultura ecuestre del general Francisco Villa, se lo proporcionen maestros y alumnos de la Facultad de Pintura, Escultura y Artesanías de la Universidad Juarez del Estado de Durango. Ignacio Asúnsolo Y Francisco Montoya de la Cruz, artistas que siguen inspirando. Hoy, sus esculturas siguen siendo parte del paisaje urbano de México y particularmente de Durango. Algunos otros escultores han realizado obra dedicadas al centauro del norte, pero ninguna de trascendencia. Las esculturas villistas de Asúnsolo y Montoya de la Cruz simbolizan más que un elemento urbano, representan memoria histórica y arraigo cultural.
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