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Dos caminos hacia la cercanía: El contraste de Betzabé y Susy.

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Felipe Correa
400 palabras
23/06/2026


​La Comarca Lagunera de Durango vive un momento político fascinante. Con Betzabé Martínez Arango al frente de Gómez Palacio y Susy Torrecillas Salazar liderando Lerdo, la región se ha convertido en un laboratorio de comunicación política donde conviven dos visiones muy distintas de entender el servicio público. Lejos de ser una debilidad, este contraste demuestra que el liderazgo femenino actual no responde a un molde único, sino que se enriquece a través de la diversidad de métodos y narrativas.
​Al analizar sus administraciones, queda claro que ambas alcaldesas comparten una premisa fundamental: el gobierno se hace en la calle, no detrás de un escritorio. Sin embargo, la forma en que deciden conectar con la ciudadanía revela dos estilos propios, bien definidos y estratégicamente diferenciados.
​Por un lado, Betzabé Martínez en Gómez Palacio ha optado por un estilo marcadamente movilizador y emocional, fuertemente alineado con la narrativa de la llamada “Cuarta Transformación”. Su comunicación política está impregnada de conceptos como el bienestar social, el combate a la corrupción y la centralidad del “pueblo”. A través de herramientas como las Jornadas del Pueblo y apuestas tecnológicas de participación como LatiDatos o ColibrIA, Martínez proyecta la imagen de un liderazgo joven y transformador. Su discurso no solo busca informar, sino generar identidad, pertenencia y una profunda conexión con los sectores populares.
​En la acera vecina, Susy Torrecillas en Lerdo ha edificado un estilo institucional y de gestión, donde la ideología cede el paso a la narrativa de los resultados tangibles. La comunicación de Torrecillas se enfoca en el orden, la estabilidad y la eficacia administrativa: obra pública, servicios eficientes y seguridad. Sus herramientas de conexión no apuestan tanto por la carga simbólica masiva, sino por el despliegue territorial constante mediante recorridos permanentes en colonias, atención directa a vecinos y programas de mejoramiento urbano como Trayectos Seguros. La imagen que proyecta es la de una administradora eficaz y resolutiva que busca inspirar confianza a través de hechos medibles.
​Las diferencias de fondo entre ambos proyectos quedan de manifiesto al contrastar sus prioridades estratégicas, por una parte la alcaldesa de Gómez Palacio se muestra transparente, Disruptiva y sin una aparente división entre su figura como edil y como ciudadana ; en el caso de la alcaldesa de Lerdo, su estrategia está más enfocada en comunicar la atención directa a las y los ciudadanos de su municipio.

A pesar de estas marcadas divergencias metodológicas, los puntos de encuentro son innegables. Tanto Martínez como Torrecillas enraízan su legitimidad en que la presencia física de la alcaldesa en el territorio es el activo político más valioso en la actualidad. Ambas son las protagonistas absolutas de la narrativa visual de sus gobiernos, inundando las redes sociales con videos de recorridos, transmisiones en vivo y fotografías con la ciudadanía.
​Prospectiva 2028: Dos apuestas de capitalización política
​Cuando este juego de espejos comunicacionales se analiza bajo el prisma de la sucesión estatal y las aspiraciones rumbo al año 2028, los estilos de comunicación dejan de ser simples herramientas de difusión para convertirse en plataformas ideológicas y electorales en plena construcción. Ambas alcaldesas están pavimentando su camino hacia el futuro, pero operan bajo lógicas institucionales y partidistas completamente distintas que determinarán su viabilidad.
​Betzabé Martínez apuesta a un esquema de identidad de marca y alineación vertical. Al mimetizar sus códigos discursivos con la narrativa obradorista de la presidencia de la república, Martínez no solo habla a nivel municipal; se comunica directamente con la cúpula y las bases de su partido. En su estrategia, comunicar “esperanza y transformación” es un mecanismo de blindaje y posicionamiento interno. De cara a 2028, su fortaleza radicará en la capacidad de movilizar el voto masivo e identitario a través de los programas sociales y una mística colectiva.
​Sin embargo, esta apuesta conlleva un riesgo inherente: la excesiva dependencia de la marca partidista y los vaivenes de la política nacional. Si la narrativa de transformación sufre un desgaste o si los sectores de clases medias y contribuyentes demandan un perfil más técnico y menos ideologizado, su discurso podría encontrar un techo en el electorado flotante no alineado.
​Por su parte, Susy Torrecillas juega el juego de la percepción de eficacia y contención territorial. Su narrativa de “orden y resultados” está meticulosamente diseñada para blindar el bastión local y proyectar una imagen de madurez administrativa que resuene con las clases medias, sectores tradicionales, empresarios y contribuyentes que valoran la estabilidad por encima del cambio radical. Hacia 2028, Torrecillas busca posicionarse como el cuadro resolutivo y de consenso, capaz de consolidar la infraestructura y articular la gestión ante el Estado y la Federación sin importar los colores. Su capital político es el de la certidumbre.
​El desafío para este estilo radica en que los liderazgos puramente institucionales y de lenguaje administrativo a menudo carecen de la épica o la emotividad necesaria para encender campañas masivas. En un ecosistema electoral cada vez más polarizado y emocional, la narrativa de los metros de pavimento y las luminarias reparadas puede resultar fría si no se complementa con un relato que conecte con las aspiraciones más profundas de cambio social de los sectores más vulnerables.
​En última instancia, el año 2028 se vislumbra como el gran examen para estas dos metodologías. La Laguna no necesita uniformidad en sus gobernantes, sino eficacia en las respuestas. La realidad es que, ya sea desde la mística de la transformación y la movilización social, o desde el rigor de la gestión y la presencia territorial, la autenticidad y el estilo propio seguirán siendo las mejores credenciales de presentación. El éxito final no pertenecerá a la narrativa más ruidosa, sino a aquella alcaldesa que logre traducir su estrategia de comunicación en una estructura de confianza ciudadana lo suficientemente sólida como para trascender sus fronteras municipales.

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Felipe Correa Politólogo de carrera, cuenta con experiencia en comunicación de crisis y aborda temas sociales. Participa en medios como Municipios Durango, Grupo Garza Limón y Lobos Cadena 7.
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