
El vástago de Andrés Manuel López Obrador, “Andy”, mediante una misiva publicada en sus redes sociales, exhibe que Estados Unidos tomó la determinación de cancelarle su visa; un documento que quizá por sí solo no representa mucho, pero que detrás de esa decisión, del Departamento de Estado del vecino país, hace suponer que vendrá una investigación mucho más profunda que solo bloquear su “pase” de entrada; quizá por posibles vínculos con organizaciones delictivas. En nuestro país no se trata de “soberanía”, como desde el Poder se ha tratado de advertir, haciendo un “mártir” a López Beltrán, ni tampoco se trata de injerencia estadounidense; que no haya confusiones en este sentido. Lo que en realidad significa esto es que absolutamente nadie estará fuera de la “mira” del gobierno del vecino país, en su afán de acabar con grupos delictivos, y desde luego esta decisión de la visa, seguramente viene acompañada por información que ya proporcionaron quienes ya están detenidos allá. Y si esto le acaba de ocurrir al hijo del líder del cuatroteísmo, que se supone están “blindados” política y socialmente, imaginemos lo que le podrá ocurrir a otros militantes morenistas que tengan ligas con estos grupos delincuenciales.
Sin inmunidad.
La cancelación de una visa es una facultad soberana de Estados Unidos y, desde luego, no constituye una acusación penal ni demuestra la comisión de un delito; ese punto debe quedar perfectamente claro. Sin embargo, el contexto político obliga a mirar más allá del documento, pues la administración estadounidense ha endurecido su posición frente a personajes mexicanos sobre los que existen sospechas de corrupción o posibles vínculos con organizaciones criminales, y medios internacionales han documentado decenas de cancelaciones de visas a políticos mexicanos; por eso resulta difícil pensar que la decisión sobre López Beltrán sea un hecho menor. Washington no ha revelado públicamente las razones específicas, pero el mensaje parece evidente, apellido, cercanía con el poder o pertenencia partidista no garantizan inmunidad frente a las decisiones estadounidenses.
Defensa de la soberanía.
La reacción del oficialismo ha sido cerrar “filas” alrededor de “Andy”; la presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó la medida y habló de una posible injerencia, mientras integrantes de Morena recurrieron nuevamente al discurso de la defensa de la soberanía. El problema es que convertir automáticamente a López Beltrán en víctima puede terminar provocando el efecto contrario; si no existe absolutamente nada detrás de la determinación estadounidense, lo lógico sería esperar una explicación y permitir que el tema se agote; pero elevarlo a conflicto político coloca inevitablemente más reflectores sobre el hijo del expresidente. Incluso la Embajada estadounidense recordó, sin referirse específicamente al caso, que una visa puede ser cancelada cuando existan razones para hacerlo y que las decisiones migratorias corresponden exclusivamente a Estados Unidos. La defensa política anticipada, entonces, difícilmente despejará las dudas.
Apenas es el inicio.
Estados Unidos ha incrementado la presión sobre México precisamente en asuntos relacionados con narcotráfico, corrupción y redes políticas que pudieran brindar protección a grupos delincuenciales. Además, las investigaciones realizadas en territorio estadounidense pueden nutrirse de testimonios, acuerdos de cooperación y declaraciones de personas procesadas en aquel país, de ahí que la preocupación dentro de Morena debería ir más allá de recuperar o no una visa. Si existen expedientes construyéndose del otro lado de la frontera, la verdadera dimensión política del asunto apenas estaría comenzando a conocerse.
Autorización.
Todo esto puede convertirse en una señal para gobernadores, legisladores, alcaldes, dirigentes partidistas y funcionarios de cualquier fuerza política; Estados Unidos no necesita solicitar autorización al gobierno mexicano para cancelar una visa, y tampoco está obligado a revelar públicamente las razones particulares de cada determinación. Por eso el episodio trasciende a “Andy”; si Washington está utilizando información obtenida dentro de sus investigaciones para identificar relaciones políticas con estructuras criminales, seguramente habrá más nombres bajo revisión.