Dark Mode Light Mode
Dark Mode Light Mode

El futuro de las universidades: reinventarse sin perder su esencia 

Avatar photo
Alberto De la Rosa Olvera
31/08/2026

Las universidades atraviesan uno de los momentos de mayor transformación de su historia. Los cambios tecnológicos, las nuevas formas de empleo, la transformación demográfica, la pérdida de confianza en algunas instituciones y las crecientes desigualdades sociales obligan a replantear qué significa ser universidad en el siglo XXI.

Después de décadas de observar la educación superior, considero que el futuro de las universidades no dependerá únicamente de su capacidad para incorporar tecnología. Dependerá, sobre todo, de su capacidad para reafirmar su función social, democratizar el conocimiento y formar personas capaces de comprender y transformar su realidad.

La universidad que permanezca inmóvil corre el riesgo de convertirse en una institución cada vez más distante de la sociedad. La universidad que se transforme sin principios, en cambio, puede perder aquello que le da sentido. El desafío consiste en innovar sin renunciar a su esencia.

Advertisement

Todo esto lo tiene muy presente el rector de la Universidad Juárez del Estado de Durango, el maestro Ramón García Rivera, al emprender el rescate de la identidad universitaria y convocar a toda la comunidad universitaria a participar en la reingeniería del modelo educativo. 

En este sentido, la agenda de la rectoría que encabeza García Rivera, se puede ubicar en los siguientes puntos:

1. Reforzar el papel público de la UJED

La primera tarea consiste en recuperar y fortalecer el carácter público de la universidad. Las instituciones de educación superior no pueden evaluarse únicamente por sus indicadores de matrícula, publicaciones, rankings o eficiencia administrativa. Deben preguntarse también: ¿qué cambia en la sociedad gracias a la UJED?

La universidad tiene que mostrar con mayor claridad su impacto social: los profesionistas que forma, las investigaciones que resuelven problemas, los proyectos que benefician a las comunidades, las expresiones culturales que genera y las soluciones que aporta a los grandes desafíos de nuestro tiempo.

Una universidad pública debe ser una institución abierta a su entorno y comprometida con el desarrollo regional. No puede vivir de espaldas a los problemas de pobreza, desigualdad, inseguridad, deterioro ambiental, transformación tecnológica o crisis de las instituciones democráticas.

Su legitimidad social no se decreta: se construye demostrando cotidianamente su utilidad pública.

2. Una matrícula más diversa y una educación más flexible

Durante mucho tiempo se construyeron universidades alrededor de un modelo relativamente uniforme: estudiantes jóvenes, carreras de cuatro o cinco años y trayectorias académicas lineales. Ese modelo ya no responde completamente a la realidad.

El futuro exige diversificar la matrícula e incorporar a personas con distintas edades, experiencias profesionales, condiciones socioeconómicas y necesidades de aprendizaje.

Para ello será necesario desarrollar programas más cortos y flexibles, incorporar microcredenciales y establecer mecanismos efectivos para la portabilidad y reconocimiento de créditos entre instituciones y programas.

La educación superior deberá dejar de concebirse como una etapa que comienza al terminar el bachillerato y concluye con un título. En una sociedad caracterizada por la transformación permanente del conocimiento, aprender será una actividad que acompañará a las personas durante toda la vida.

La universidad deberá convertirse, por tanto, en un espacio de aprendizaje permanente, donde sea posible entrar, salir, actualizarse, especializarse y regresar.

3. Revalorizar el humanismo

Paradójicamente, mientras más poderosa se vuelve la tecnología, mayor importancia adquiere el humanismo.

La inteligencia artificial puede procesar información, generar textos, analizar datos y automatizar múltiples tareas. Pero la UJED no puede limitarse a preparar personas para competir con las máquinas. Debe formar seres humanos capaces de pensar críticamente, tomar decisiones responsables y darle sentido al conocimiento.

Necesitamos recuperar la formación humanística, la ética, la filosofía, la historia, las artes y las ciencias sociales como componentes esenciales de la educación universitaria, le he escuchado manifestar al rector en su gira de bienvenida. 

El propósito no es formar únicamente trabajadores competentes, sino ciudadanos críticos y creativos, capaces de cuestionar la realidad, dialogar con quienes piensan diferente, reconocer la diversidad y participar responsablemente en la vida pública.

Una sociedad puede tener profesionales técnicamente brillantes y, al mismo tiempo, carecer de ciudadanos comprometidos. La universidad debe evitar esa contradicción.

4. Nuevas pedagogías en la era de la inteligencia artificial

La inteligencia artificial representa uno de los mayores desafíos y, simultáneamente, una de las mayores oportunidades para la educación superior.

Durante siglos, buena parte de la enseñanza universitaria se organizó alrededor de la transmisión de conocimientos: el profesor como fuente principal de información y el estudiante como receptor.

Hoy el conocimiento está disponible de manera inmediata y abundante. Por ello, el valor del profesor no desaparece, sino que se transforma. El docente debe convertirse cada vez más en diseñador de experiencias de aprendizaje, mentor, orientador intelectual y facilitador de procesos de pensamiento.

La pregunta ya no debería ser únicamente qué información debe memorizar un estudiante, sino qué problemas puede resolver, qué preguntas puede formular, qué proyectos puede desarrollar y qué decisiones puede tomar utilizando el conocimiento.

La inteligencia artificial -afirma Ramón García- deberá incorporarse con criterios pedagógicos, éticos y académicos. No se trata de utilizarla simplemente porque existe, sino de preguntarnos cómo puede mejorar el aprendizaje, estimular la creatividad, personalizar la enseñanza y liberar tiempo para aquellas actividades donde la interacción humana resulta insustituible.

La universidad del futuro no será la que sustituya al profesor por inteligencia artificial, sino aquella que consiga hacer más humano el aprendizaje mediante el uso inteligente de la tecnología.

5. Transformar la universidad desde dentro

Finalmente, ninguna transformación será posible si la universidad no se atreve a transformarse a sí misma.

Con frecuencia escuchamos de innovación hacia afuera: nuevos proyectos, nuevas tecnologías, nuevas carreras. Pero pocas veces preguntamos cuánto innovan sus propias estructuras administrativas, sus procesos académicos y las formas de tomar decisiones.

La universidad posee un enorme capital intelectual. En sus aulas, laboratorios, centros de investigación y comunidades académicas existen conocimientos y talento suficientes para reinventar buena parte de sus procesos.

El reto consiste en volcar esa capacidad innovadora hacia el interior de la propia institución.

Esto implica revisar estructuras burocráticas, simplificar procesos, fortalecer la colaboración interdisciplinaria, reconocer nuevas formas de enseñanza e investigación y generar espacios donde profesores, estudiantes y trabajadores puedan participar en la construcción del cambio.

Transformar la universidad no significa destruir lo que existe. Significa identificar aquello que ya no funciona y tener la valentía institucional de modificarlo y eso se está haciendo en la máxima casa de estudios y todo esto es por amor a la UJED.

Avatar photo
Profesor universitario, doctorado en derecho en la línea de investigación de la comunicación política. Actualmente es director de Radio Universidad 100.5 FM
Add a comment Add a comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Previous Post

370 mil alumnos regresan a clases este 31 de agosto en Durango; inicia el ciclo escolar 2026-2027

Next Post

De Cal y de Arena

Advertisement