
El coeficiente de una persona adulta con una inteligencia media es de 90 a 110. Una persona por encima de la media mide de 111 a 120. Una persona dotada (el 6 por ciento de la población mundial) oscila entre 121 y 130. William James Sidis tenía 300. El dato es mucho más increíble si tenemos en cuenta que Albert Einstein, tenía 160, el campeón mundial de ajedrez, Bobby Fischer poseía 187 puntos, Galileo Galilei, 185 y Mozart o Charles Darwin, 165. Unos datos lo avalarían pues comenzó a andar con tan solo ocho meses. Con 2 años ya estudiaba latín y con 8 años y medio leía el New York Times. Su facilidad para los idiomas hizo que a los ocho años manejase con facilidad ocho idiomas, francés, alemán, ruso, griego, latín, hebreo, armenio y turco. A los 8 años ingresó en Harvard tras previa aprobación de un examen. Al final de su vida dominaba perfectamente más de 40 idiomas. De él se cuenta que, con un año y seis meses, de manera súbita, le pidió a su madre una hoja de The New York Times y, en voz alta, comenzó a leerla. Fue aceptado en el Instituto de Tecnología de Massachusetts con menos de ocho años y con 11 ingresa la Universidad de Harvard como experto en Matemática. Con 16 se graduó en Medicina. Un dato que revela su alta inteligencia es el hecho de que con siete años creó su propio idioma denominado el vendergood, con raíces latinas y griegas complementadas con vocablos del alemán, el francés y otras lenguas romances. Su vida y educación generó un amplio debate en la sociedad americana y en los periódicos con partidarios y detractores. Sus contrarios mantenían que William tenía una tendencia a no centrarse en algo en concreto, sino que deambulaba de una disciplina a otra sin orden ni concierto. La prensa lo mostraba como un genio, aunque tuvo en contra a los científicos. Tampoco le ayudó su compromiso político de izquierda. Sus convicciones, que hizo públicas, de ser ateo y socialista, le causaron problemas y actitudes despreciativas que terminaron marginándole. Pero una vida así pasa factura. Poco a poco William se siente solo y sufre sus consecuencias soledad. Abandonado por la comunidad científica, mal visto por su ideología de izquierda y atea, su rechazo a alistarse para la Segunda Guerra Mundial y su detención por manifestarse el Primero de Mayo, lo sume en la tristeza. A ello hay que unirle su enfermedad y las dolorosas migrañas diarias que le acarrean. Una dolencia que años después culminaría con su fallecimiento. En realidad, la vida de este talento mental fue una continua tortura generada por unos padres ambiciosos que lo sometían permanentemente a duras y prolijas pruebas al objeto de medir su inteligencia, una dura vida sin infancia y tratado como una especie de conejillo de ideas. Ello lo llevó a hacer de su vida una especie de cárcel en la que se encontraba aprisionado. Cansado de esta situación, tomó la decisión de irse una noche Y huyó. Se alejó de sus padres, malvivió con trabajos precarios. Más tarde, tras un tiempo aislado, visitaba esporádicamente el hogar familiar. Pero el ambiente asfixiante prosiguió sumando más carreras universitarias a su currículum, pues llegó a finalizar hasta siete carreras. Su popularidad no contribuía a hallar la paz y salir a la calle ya se había convertido en un problema para William. Se instaló en un diminuto apartamento de Boston del que solo salía para visitar a sus padres o para practicar su activismo político acudiendo a actos y reuniones de la izquierda. Una mente tan inteligente, un hombre con tanta formación y tan erudito, en cambio no estaba preparado para lo cotidiano pues no sabía cocinar, lavarse su ropa ni cualquier tipo de actividad doméstica. En una de las manifestaciones políticas a las que solía acudir conoció a joven activista irlandesa que no buscaba la popularidad y notoriedad de William. Era Martha Foley. A la joven le atrajo precisamente de él su aspecto solitario. Rompiendo la timidez de Sidis se le acercó y entabló conversación a pesar de que este, ante la presencia de una mujer, no sabía pronunciar ni una palabra. Sidis halló en Martha todo lo que le había sido negado por la rígida y excéntrica educación que recibió en su casa. Encontró en Foley la vida. A partir de ahí se citaron en varias ocasiones y en William fu feliz durante esas semanas con Martha. Su cabeza no pudo más la presión y el 17 de julio de 1944 sufrió una embolia cerebral. Una semana después su cuerpo fue hallado en el suelo de la casa. Entre sus pertenencias de carácter personal hallaron una foto deteriorada de Martha Foley. Tenía 46 años… y 300 de coeficiente intelectual.
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