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MUCHA GENTE NO SABE LO CARO QUE ES SER POBRE 

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Gilberto Jiménez Carrillo
07/08/2025

Si supieran lo caro que es ser pobre, una frase que se traduce como un golpe de realidad que de seguro debe incomodar a mucha gente, una paradoja que muchas veces pasamos por alto: ser pobre cuesta caro. No solo en dinero (que de seguro regula todo lo demás), sino en tiempo, en salud, en oportunidades. Cuesta caro el día a día, en cada decisión, en cada sacrificio, etc. La pobreza no es solo falta de recursos, es pagar más por menos. Es tener que comprar comida en pequeñas cantidades porque no alcanza para surtir la despensa del mes. Es pagar más por productos en el almacén de la esquina (que muchas veces son los que nos terminan fiando) porque no tenemos dinero para ir a comprar en supermercados con precios bajos, el cual no podemos aprovechar los descuentos por falta de dinero, transporte o tiempo. Ser pobre es no tener crédito, o tener uno que te cobra intereses imposibles. Es pedir prestado sabiendo que vas a pagar el doble o el triple, y que muchas veces acuden a estos préstamos usurarios para poder pagar los servicios. Es vivir al día, sabiendo que un gasto inesperado puede ser una tragedia. Ser pobre también es tener que trabajar mucho más para ganar menos. Es pasar horas arriba de algún transporte (según donde vivas) porque no puedes vivir cerca de donde trabajas. Es aceptar empleos mal pagados porque no hay opción, porque el lujo de decir “no” no te lo puedes permitir. Es enfermarte y no ir al médico porque no puedes pagar la consulta, y a veces ni siquiera ir a un hospital público porque no puedes faltar al trabajo. Es vivir en lugares con agua contaminada, con calles sin luz, con escuelas en mal estado edilicios. Es vivir sabiendo que tus hijos, por más talento que tengan, tendrán que luchar el doble para llegar a donde otros llegaron con la mitad del esfuerzo. La pobreza no es solo una cuestión de falta de dinero. Es un sistema que castiga a quienes tienen menos. Desde fuera, desde el privilegio, muchas veces se juzga al pobre como “descuidado”, “sucio”, “desorganizado”. Pero nadie ve que esa falta de organización muchas veces viene de tener que sobrevivir al día a día. Es difícil mantener la ropa impecable si no tienes lavadora ni acceso constante al agua. Es difícil llegar puntual si dependes de transporte público que falla o un carro que te deja a pie. Es difícil comer saludable si lo único que puedes pagar es comida enlatada. Es difícil descansar si vives con ansiedad constante por el desalojo. Desde afuera se ve desorden, desde adentro es supervivencia. Y lo más triste es que ser pobre cuesta más. Y lo peor: ser pobre es cargar con la culpa de un sistema que te falla y después te señala. Es escuchar que “el que quiere, puede”, mientras tú haces malabares para sobrevivir. Es que digan que “el pobre es pobre porque quiere”, por ignorante, cuando en realidad estás atrapado en una rueda que gira sin darte tregua. Y aquí es donde tenemos que decirlo con claridad. Histórica y sistémicamente, el sistema no trata igual a una madre con dinero que a una madre pobre. No se investiga igual una casa bien puesta en un vecindario clase media que una casa humilde en un barrio marginado. Es más fácil decir hay negligencia cuando hay colchones en el piso, cuando faltan alimentos, cuando no hay muebles, o cuando tu hijo lleva varios días enfermo y no has podido llevarlo al doctor porque tendrías que faltar. Eso no es negligencia, es pobreza. La carencia duele más cuando el sistema te castiga por no tener, en vez de ayudarte a salir adelante. Porque un país justo no es el que crea más millonarios, sino el que permite que nadie tenga que elegir entre comer, pagar los servicios o la renta. Que nadie tenga que decidir entre estudiar o trabajar desde los 12 años. Que nadie sea condenado a la marginalidad social por el solo hecho de nacer pobre. No creen que ya es tiempo de decir basta políticos de todos los partidos. Basta de normalizar la pobreza como si fuera una elección. Basta de ignorar que el verdadero lujo en muchos hogares no es un viaje, un auto o tener mucha lana, el verdadero lujo es tener tiempo, salud y tranquilidad. Qué caro es ser pobre, cuesta dignidad, cuesta sueños, cuesta oportunidades que nunca llegan. Y, aun así, los pobres aman, resisten, ríen con lo poco y hasta comparten el pan. Si tienes privilegio de estabilidad, de recursos, de apoyo úsalos para mirar con compasión, no con juicio, porque el juicio no transforma, pero la empatía, sí.
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