Mucho se ha hablado en los últimos días de la propuesta de reforma electoral que se supone se discutirá al interior del Congreso de la Unión; y es que si bien existen temas que podrían ser benéficos para nuestro sistema político en el país, otros en tanto no lo son, simplemente porque se pondría en “tela de juicio” una democracia, que ya de por sí es endeble y con poca credibilidad, si se atenta contra el Instituto Nacional Electoral (INE), y generar con ello su desmantelamiento, creo que sería uno de los peores errores que cometa la mayoría legislativa encabezada por Morena y sus aliados, sobre todo porque, como siempre, no se ve ninguna disposición para que exista el diálogo por parte de la oposición o de la sociedad.
Voto popular.
Dos elementos son los que me parecen muy graves de concretarse una reforma electoral con estas características, el primero de ellos sería la reducción de 11 a siete consejeros electorales del INE, algo poco sano para esta democracia, pues el Consejo General de este órgano electoral colegiado, debe contar con el mayor número posible de opiniones respecto a cómo se deberán delinear las reglas del “juego” político-electoral, reducirlo sería eliminar más voces que le pueden aportar a este sistema que actualmente tenemos en México. El segundo, y más grave, es la propuesta de que los mismos consejeros sean electos mediante el voto popular, algo así como lo que se hizo con el Poder Judicial, con las consecuencias que ya todos conocemos. Evidentemente el fondo es que también desde el Gobierno Federal, operado por Morena, quieren el control del “árbitro” electoral, pues ya conocimos las “artimañas” de lo que son capaces de hacer, con los ya muy mencionados “acordeones”. Nuestro país requiere mayor pluralidad e independencia de estos órganos.
Plurinominales.
En contraparte me parece muy oportuno que se proponga la eliminación de los legisladores plurinominales, sobre todo pensando en que a nivel federal normalmente son “cuotas” para los “cuates”, y así recompensarlos con una curul ya sea en San Lázaro o en la Cámara Alta. Lo extraño del caso, es que uno de los personajes que el Gobierno Federal ha enviado para “cabildear” esta propuesta es nada menos que Pablo Gómez, quien hasta hace poco fuera el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), con escasos resultados por cierto, y quien además gran parte de su vida política se la pasó siendo legislador plurinominal, es decir, el ya probó las “mieles” de lo que significa llegar a una curul sin andar en campaña, vaya, sin desgastar las suelas de sus zapatos. Siempre desde la izquierda, principalmente en el extinto PRD, pues el objetivo siempre fue que esta figura “pluri” fuera para generar los equilibrios entre las minorías, pero no para vivir toda la vida del presupuesto sin el más mínimo esfuerzo.
Financiamiento.
Se habla de que la propuesta también incluye la reducción de las prerrogativas a los partidos políticos, algo que de entrada es muy positivo y redituable, políticamente hablando, pero que en el fondo me parece que los lineamientos deberán quedar muy bien definidos, porque, si bien hasta hoy los institutos políticos y candidatos aseguran que el recurso es insuficiente e inequitativo, y existen todo tipo de “artimañas” para hacerse llegar de recurso sin declararlo, esta reforma deberá dejar en claro que no se deberá permitir el financiamiento de dudosa procedencia, y que si es mediante “donativos” pues que sea absolutamente comprobable y en su caso hasta deducible, y con ello buscar que haya transparencia en el ingreso y egreso antes, durante y después de las campañas políticas, pues cuando no se conoce quién es el donante se presta a que se crean compromisos para que una vez llegando al poder, se paguen los “favores”
Si esta reforma realmente no atiende las demandas de la sociedad, que cada vez está más desencantada de la política, me parece que no serviría de nada, porque sería solo el mensaje de la mayoría por seguir teniendo el control de todo.
