
En tiempos donde la política suele transitar por veredas de intereses particulares, pocas figuras destacan con la coherencia y la integridad que representa el presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado. Su trayectoria no solo lo respalda, lo honra. Para quienes los conocemos, el minero de oficio, administrador de profesión y político por vocación, ha construido su carrera sobre el compromiso con las causas sociales más genuinas, agregado a ello con una vocación de servicio que se palpa en cada paso que da. La Junta de Gobierno y Coordinación Política es el órgano plural y colegiado en el que se impulsan entendimientos y convergencias políticas con las instancias y los órganos que resulten necesarios, a fin de alcanzar acuerdos que coadyuven para que la Asamblea adopte las decisiones que constitucional y legalmente le corresponden. La Junta de Gobierno y Coordinación Política se integra con los presidentes de los Grupos Parlamentarios y por las Representaciones Parlamentarias, los cuales participan con voz y voto. El Congreso es una de las instituciones más importantes de nuestro estado y funciona, en gran medida, gracias a su liderazgo. Cuando este no existe, en consecuencia, el poder legislativo se torna gris, opaco, sin relevancia alguna. ¿De dónde surgen las nuevas leyes? ¿Del presidente? ¿De los tribunales? ¿De una cigüeña? En realidad, provienen del Congreso, que es el órgano legislativo del gobierno federal o estatal según sea el caso. A paso lento pero seguro, Ernesto Alanís Herrera, ha comenzado a escribir su propia historia al frente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del congreso del estado de Durango. Con apenas unos días en el cargo, el maduro y experimentado político ha emprendido una ruta de reorganización interna, apostando por la formación política y la armonía con distintos actores de la LXX legislatura. En su actual responsabilidad como diputado, ha enfrentado con valentía y determinación los retos que se presentan, y eso requiere coraje, congruencia y una ética que pocos pueden sostener. Si bien es cierto su gestión se ha caracterizado por el bajo perfil que maneja, aun así y sin grandes estridencias, ha mostrado consistencia en su desempeño. Su cercanía con la Gobernador del estado no es sumisión, es lealtad institucional y responsabilidad compartida. Le cuida la espalda, sí, pero desde la trinchera del Congreso, impulsando leyes y acciones que reflejan los principios que el pueblo votó en las urnas. Alanís Herrera ha apostado por un estilo de conducción sobrio y técnico suficiente para construir su propio poder interno y crear una imagen propia, y una narrativa que lo distingue claramente de su antecesor. Para los que intenten minar su credibilidad o frenar su ímpetu transformador, no olviden que Ernesto Alanís no es un político convencional. Su integridad no se negocia, y su compromiso con la gente de Durango es irrenunciable. Hoy por hoy, Ernesto Alanís Herrera se ha convertido en un referente legislativo de altura y hoy más que nunca Durango necesita liderazgos que no se doblen. Ernesto Alanís es uno de esos pocos que resisten, porque su causa es más grande que cualquier interés: servir al pueblo con honestidad, y dignidad, porque el liderazgo verdadero, ese que nace desde abajo, no se mancha… se multiplica.