
El mensaje que envió la Presidenta, Claudia Sheinbaum, desde el Zócalo capitalino este domingo no fue sólo político, sino simbólico; la escenografía del evento lo decía todo, en primera fila los leales, en la segunda, detrás de una discreta valla metálica o “corralito”, aquellos que hace un año le dieron la espalda a la “jefa”, y que muy tarde se dieron cuenta de su error, pues la oportunidad de saludarla se les fue como “agua entre las manos. El mensaje fue claro, en este nuevo capítulo del poder, no hay cabida para los tibios ni para los que dudan de la línea presidencial, así se trate del mismísimo hijo del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, o de sus más leales seguidores.
Obediencia.
Entre los personajes ubicados en ese espacio simbólicamente relegado estaban Adán Augusto López, Ricardo Monreal, “Andy” López Beltrán, Luisa María Alcalde y Manuel Velasco; todos, en distintos momentos, han sido voces influyentes dentro de la Cuarta Transformación, pero también piezas que, al no alinearse por completo, se convirtieron en ejemplo de lo que la Presidenta busca evitar en su mandato, que es la dispersión del poder. La Presidenta Claudia Sheinbaum ha demostrado que la cercanía con el círculo presidencial no se mide por el pasado, sino por la obediencia al presente, aunque a algunos no les guste o traten de “esconderse” bajo el “manto” de AMLO. Y a pesar de que la “inquilina” de Palacio Nacional aseguró ayer que no hay y que no habrá rompimiento con el tabasqueño, las acciones dicen otra cosa totalmente distinta.
Adán Augusto.
Hace apenas un año, Adán Augusto era visto como el “hermano político” del entonces presidente López Obrador, el encargado de mantener la cohesión interna de Morena y en el país, cuando fue secretario de gobernación; hoy, su distancia con el poder central es evidente. A los rumores de sus nexos con el grupo tabasqueño conocido como “La Barredora”, se suman las publicaciones que exhibieron presuntos montos de dinero no declarados entre el 2023 y el 2024, algo que lo tiene contra “las cuerdas”, pues ha sido el ícono de lo que en el morenismo no debe estar permitido, y con ello podría irse por la “borda” su legítima aspiración presidencial en el 2030, vaya, le están apagando su “brillo” político, precisamente por sus acciones pasadas.
Los Monreal.
Ricardo Monreal, que hace un año soñaba con encabezar la transición, también fue reubicado, literal y políticamente. El caso de los Monreal en Zacatecas ha sido una muestra de las “líneas” rojas que Claudia Sheinbaum no está dispuesta a cruzar, evitar el nepotismo; ya que el intento del hermano del senador por buscar la gubernatura fue frenado desde la propia dirigencia, enviando una señal inequívoca de que ni los históricos fundadores del movimiento están por encima de los principios de “no robar, no mentir y no traicionar”; los tiempos en que el apellido era sinónimo de impunidad, no solo en Zacatecas, sino a nivel nacional, parecen haber terminado. De ahí que me parece que los hermanos no deberán llevarle la contraria a su jefa, porque los costos políticos podrían ser altos, por más que se argumente que existe un gran respaldo social, esta práctica deberá ser erradicada.
Velasco.
En el caso de Manuel Velasco, siempre con el olfato para alinearse con el poder en turno, fue otro de los rostros en la segunda fila; su partido, el Verde Ecologista, ha sido un aliado tan útil como incómodo, capaz de apoyar al Gobierno Federal mientras negocia espacios y candidaturas con la oposición local. Ante ello creo que la Jefa del Ejecutivo sabe que el pragmatismo tiene fecha de caducidad, y por eso, más que un castigo, el “corralito” fue un recordatorio respecto a que el nuevo gobierno no se rige por alianzas electorales, sino por lealtades ideológicas. En la era de Claudia Sheinbaum, no hay espacio para los que doblan la apuesta según sople el viento.