
El senador Gerardo Fernández Noroña, aquel que se enorgullecía de andar “a ras de tierra” y presumía su sencillez frente al poder y al dinero, hoy despega, literalmente, con rumbo a la incongruencia. El uso de un taxi aéreo para trasladarse al estado de Coahuila lo pone en el “ojo del huracán” y lo aleja de la narrativa que la propia Cuarta Transformación ha intentado consolidar, la llamada austeridad republicana, de la que por cierto no ha entendido de qué se trata; y es que mientras la Presidenta, Claudia Sheinbaum, insiste en que los representantes de su movimiento deben predicar con el ejemplo, el legislador federal, representante de este movimiento, se sube al avión de los privilegios sin ningún tipo de recato o arrepentimiento.
Del otro lado.
Lo ocurrido con Fernández Noroña no es una simple anécdota de vuelo, es el símbolo del cambio de estatura de algunos personajes que, tras años de ser parte de la oposición, ahora disfrutan del aire acondicionado del poder, vamos, están ya del otro lado y sabe cómo dejarlo en claro, cuando hace algunos años hasta vendía libros en su domicilio particular, según él, para “sobrevivir”. Por su parte la Presidenta Claudia Sheinbaum, con su habitual mesura, fue clara al señalar que el senador deberá explicar por qué usó una aeronave privada; su declaración, aunque diplomática, evidenció el malestar en Palacio Nacional, porque es necesario dejar en claro que no es un asunto menor, mientras la mandataria se esfuerza por mantener la imagen de una administración sobria, el legislador aparece como un pasajero frecuente de los lujos que antes criticaba.
Capítulo cerrado.
En su conferencia “mañanera de ayer, la “inquilina” de Palacio Nacional cerró el capítulo con una frase calculada, al afirmar que ya no entraría en debate sobre el tema, al ser cuestionada por un reportero; me parece que fue un cierre elegante, pero con mensaje cifrado. Claudia Sheinbaum sabe que cada desliz dentro de su movimiento puede convertirse en un misil político, pero dejó en claro que los ciudadanos serían quienes juzguemos el actuar de los perfiles como Fernández Noroña, más allá de las consecuencias que pueda tener al interior del movimiento, porque podría quedar claro que la carrera política del legislador podría verse afectada, máxime cuando con soberbia se refiere a su acto como algo “normal”.
Minimizar.
Fiel a su estilo, Gerardo Fernández Noroña trató de minimizar el escándalo ante los medios, y vía una transmisión en sus redes sociales, asegurando que no hay nada irregular en haber contratado un servicio aéreo para cumplir con sus actividades legislativas, sin embargo exhibe lo que muchos ya sospechaban, el personaje que se forjó como tribuno del pueblo ha terminado por caer en la tentación de la comodidad, incluso en el sentido contrario de lo que establece el cuatroteísmo, porque su discurso de la congruencia se desploma cuando el ego se eleva, y ese precisamente es el peligro de quienes olvidan de dónde vienen, o será que las alturas le han nublado la memoria, estar cerca de las nubes le han provocado, literal, solo observar hacia abajo, incluso a quienes lo han llevado a la posición en la que se encuentra.
Los nuevos ricos.
No es el primer caso ni será el último, porque en muchos años otros políticos lo han hecho, de todos los partidos, el asunto es que muchos militantes de la autodenominada Cuarta Transformación parecen haber cambiado la lucha por la igualdad, por el placer de sentirse parte de una nueva élite que el Poder les ha dado; y ese fenómeno, cada vez más visible, pone en riesgo la credibilidad del movimiento. Luisa María Alcalde, dirigente nacional de Morena, ha insistido en la coherencia como principio rector; sin embargo, figuras como Noroña socavan esa línea con gestos que huelen más a privilegio que a compromiso; el problema no es sólo un viaje en avión, sino el mensaje que envía, de que hay nuevos ricos en nuestro país.