
Hay entrevistas que se planean y hay conversaciones que se disfrutan y se quedan contigo. La charla con Paco Valencia fue de las segundas. No fue un cuestionario, fue un repaso honesto por el oficio de comunicar, por la política y por la vida, por su vida familiar Treinta años en la comunicación —la mayoría en el terreno político— no se presumen: se cargan.
Paco empezó joven, como casi todos. Llegó al periodismo sin manual, con hambre de calle, obsesión por la nota exclusiva. En ese tiempo no había chacaleo, había territorio. Y el territorio se defendía con trabajo.
Pero la calle también enseña a golpes. Notas que no salieron, comentarios fuera de lugar, licencias mal usadas y un ego que crece más rápido que la madurez. En comunicación, como en política, nadie es tan importante como cree cuando empieza. Y entenderlo a tiempo marca la diferencia.
La comunicación no ha cambiado en esencia: emisor, mensaje y receptor siguen ahí. Lo que cambió fue la velocidad. Hoy se corre por publicar primero, aunque se pierda contexto. En esa carrera se cometen errores, se publican datos sin validar y se olvida que no todo debe decirse al instante. Recuperar el rigor no es retroceder; es madurar.
Respecto a la inteligencia artificial Paco lo dice claro: la IA no es el problema, la pereza sí. Como herramienta agiliza procesos; como sustituto del criterio empobrece. La IA ordena datos, califica adjetivos, pero no entiende contexto. No camina la calle ni tiene memoria política. Y eso, por ahora, sigue siendo insustituible.
Hoy Paco está del otro lado: es responsable de Comunicación del Congreso del Estado, un Congreso plural, sin mayorías avasallantes y con 25 diputados que son actores políticos con agenda propia. Aquí no hay margen para la ligereza. Un error de comunicación puede leerse como dolo político.
De ahí la apuesta por nuevos productos: podcast, noticiero semanal, revista legislativa. No por moda, sino para cerrar la brecha entre el Congreso y la ciudadanía. Explicar lo legislativo, traducir procesos y mostrar el trabajo que no se ve.
En lo nacional, el contraste es inevitable. Andrés Manuel López Obrador rompió paradigmas con la mañanera: agenda diaria, presencia constante, control del mensaje. Desde su punto de vista Claudia Sheinbaum continúa el ejercicio, pero con un perfil distinto. No es menos exitosa, simplemente ya no sorprende. La rutina reemplazó al fenómeno.
En lo local, la comunicación partidista sigue siendo predecible. Los mismos mensajes, los mismos canales, el mismo tono. Las audiencias no politizadas no se enganchan. Hay destellos, sobre todo en campañas, pero sin método ni continuidad la maquinaria se detiene y todo vuelve a empezar.
Casi al final de la charla, Paco lo dice sin rodeos: “soy Estebanista”, y Forma parte de un grupo heterogéneo, con proyecto en el presente y visión de futuro, donde la estrategia manda y el método importa. Sin triunfalismos ni plazos arrogantes. Porque la gentedecide, no los discursos.
La reflexión final es simple: las ideas no nacen solas. Se construyen con conocimiento, pero sobre todo con reflexión. La comunicación no se improvisa, no se automatiza y no se hereda. Se camina. Porque la calle —todavía— no se sustituye con likes.
A la vez dejó ver el Paco familiar en donde expresa con emosion que su mayor alegría es su familia, pero el temor que tiene es no innovar