
Estamos en vísperas de Semana Santa y es tiempo de reflexionar sobre el quehacer de la política, más cuando ya hay algunos personajes que emulando la Judea de hace dos mil años, piden explicaciones de lo que hay que dar a Dios y al César, y así comenzamos nuestra cuenta.
1.- Soberbia, es el pecado de Lucifer al querer ser igual a Dios. Es la sobrevaloración del Yo al alcanzar un estatus elevado y subvalorizar el contexto. El mejor ejemplo de la política mexicana en este renglón lo tenemos en el Partido Revolucionario Institucional y se llama Alejandro “Alito” Moreno.
2.- Envidia en la política es insatisfacción permanente y el deseo insaciable de poder son construidos sobre este pecado, que es uno de los pecados capitales que cometen los políticos y sus partidos. Envidia que se agiganta más en los partidos que se venden a sobreprecio y de los personajes que quieren tener más que el otro, lo que alimenta el resentimiento social, a menudo utilizado para justificar políticas de redistribución o atacar a rivales exitosos, como Hugo Aguilar, ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
3.- Avaricia es el pecado que consiste en la acumulación desaforada -y con fuero- de riqueza, recurriendo para este propósito a la deslealtad, a la traición y al soborno. Entre la clase política nacional contamos con miles de ejecutantes de esta contravención, como los involucrados en el huachicol fiscal, que iban por más, si no habrá que preguntarle al Senador Adán Augusto López Hernández..
4.- Lujuria es el pecado que se produce por el deseo sexual desordenado e incontrolable. Este desacato a la moral cristiana es muy común en los políticos, ya que el poder es considerado un afrodisiaco. El personaje de la política nacional que da la pauta en este renglón es la Senadora Andrea Chávez.
5.- Ira es un sentimiento no controlado de cólera, enfado, odio y deseo de venganza, es utilizada para fomentar la oposición y el cambio de actitudes, a menudo exacerbada por redes sociales y discursos populistas que buscan el apoyo popular, como lo representan aquellos que les bajaron el sueldo los magistrados del Poder Judicial y del INE.
6.- La gula en la política se manifiesta como el apetito desmedido por el poder, el despilfarro de recursos públicos y la insaciabilidad de los funcionarios por acumular cargos o beneficios. Es un pecado político que conlleva a la búsqueda egoísta de intereses propios, sacrificando el bien común y la austeridad. Lo vemos en todos aquellos que presumen sus costosos viajes al extranjereo, como Mario Delgado o Gerardo Fernández Noroña.
7.- La pereza en la política es la alta de ganas o esfuerzo para cumplir con los deberes, se manifiesta como inercia en la gestión pública y evasión de debates sustantivos, prefiriendo eslóganes superficiales sobre soluciones concretas. Esta actitud genera desafección ciudadana, irresponsabilidad institucional y perpetúa la mediocridad en el liderazgo, priorizando la comodidad sobre el servicio público. Lo vemos en aquellos que no cumplen sus promesas de campaña, lo que suma muchos nombres que no cabrían en la lista.
Así, los pecados capitales generan otros pecados y otros vicios, que dañan a la política y a los que tienen la convicción de servir a la sociedad. A quienes hayan pecado, si no se redimen, les espera el castigo eterno.
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