
Dos personas no caben en una misma silla, esto aplica para el ejercicio del poder, en cuyos símbolos están el trono o la silla del águila de Palacio Nacional, pues como diría Diego Valdés: México vive una presidencia imperial.
La historia política mexicana, no se equivoca al enseñarnos cómo cada presidente entrante se sacudía al saliente, quien pensaba seguir manejando los hilos desde la distancia al colocar en su lugar a quien consideraban como su incondicional.
Por eso tenemos elementos históricos como destierros, exilios, magnicidios, servicio diplomático forzado y demás cuestiones que revelan que el que deja el poder, no lo podrá tener más.
Traigo todo esto a colación porque la presidenta de la República se acerca al momento crucial de su vida política en propinar un manotazo en la mesa, dar un golpe de timón y cortar relaciones con su antecesor.
Si bien le debe gratitud y lealtad, está llegando al punto de que no puede seguir siendo rebasada por una estructura que heredó y que no le debe fidelidad, pues mantener el estado de cosas que le transmitió Andrés Manuel, la está llevando a un abismo del que solo ella será la responsable.
Claudia debe sacar las manos del fuego por las personas impresentables de las que arribaron al movimiento regenerador, que terminó convirtiéndose en un movimiento degenerador, donde conviven en un mismo espacio el crimen, la extrema derecha y el viejo PRI, causando que no haya habido un cambio verdadero sino un mero gatopardismo.
La titular del poder ejecutivo federal, se ha visto envuelta en polémicas forzadas como la reforma judicial que pese a su deseo de matizarla, los lopezobradoristas la impulsaron sin cambiar una coma y hoy las consecuencias jurisdiccionales son fatales; en cambio, sus reformas sello, no transitaron como la eliminación de la reelección y la reforma electoral sustantiva.
Es hora de que Claudia Sheinbaum espante el fantasma de su retirada del cargo y que se convoque a Andrés Manuel, como se hacía con Antonio López de Santanna, quien se retiraba a descansar a su finca en Manga de Clavo y era llamado a salvar al país cuando se encontraba en medio de una catástrofe.
Sería lamentable que Claudia deje pasar la gran oportunidad histórica no solo de haber sido la primera mujer en el poder presidencial sino porque sentó las bases de una mejor Nación, con rumbo y equilibrio.