Dark Mode Light Mode
Dark Mode Light Mode

Querer distraer la atención no cambia las cosas.

Avatar photo
Quetzal Herrera Ruiz
LA GRILLA DEL PÀJARO
20/05/2026

Si algo ha caracterizado al Gobierno Federal en los últimos meses es su insistencia por construir una narrativa paralela a la realidad, una especie de discurso diseñado para minimizar o incluso confundir lo que verdaderamente ocurre. Hoy el tema no es menor, las acusaciones que han surgido desde autoridades de Estados Unidos contra perfiles y funcionarios vinculados a Morena, señalados presuntamente por posibles nexos con grupos delincuenciales, representan un golpe político severo que no puede ser “barrido” debajo de la “alfombra” con frases hechas o descalificaciones contra medios de comunicación; sin embargo, desde Palacio Nacional pareciera que la apuesta continúa siendo la misma, negar, desacreditar, victimizarse y acusar conspiraciones externas, cuando lo que realmente se requiere es claridad, transparencia y disposición para enfrentar un problema que ya cruzó fronteras.

“Ojo por ojo”
Y es precisamente en esa lógica donde encajan las recientes declaraciones de la Presidenta, Claudia Sheinbaum, quien aseguró que durante los últimos años existen alrededor de 269 solicitudes a Estados Unidos para la extradición de algunos presuntos delincuentes, y que no se ha enviado a nadie, dejando entrever que la postura de esta administración será similar. Una declaración delicada, porque más allá del argumento legal, el mensaje político es claro, no habrá prisas ni voluntad inmediata de cooperación cuando se trate de personajes señalados; a esto se suma la postura del secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, quien insiste en que primero deben presentarse las pruebas conforme al tratado de extradición bilateral. Jurídicamente puede sonar razonable, pero políticamente parece más una estrategia de contención y de tiempo.

Implicaciones políticas.
Mientras tanto, otra de las “distracciones” que parecieran surgir en el escenario político vino desde el Senado de la República, particularmente con el zacatecano Saúl Monreal, quien aseguró que los exfuncionarios de Sinaloa que recientemente se entregaron a las autoridades estadounidenses deberían ser extraditados a México para responder ante las instituciones nacionales. El argumento, más allá de la legalidad, parece buscar abrir un nuevo frente de discusión para desplazar el tema de fondo, por qué esos exservidores públicos prefirieron cruzar la frontera y ponerse a disposición de autoridades norteamericanas antes que enfrentar la justicia mexicana; porque el debate real no está en si deben volver o no, sino en las implicaciones políticas de las revelaciones o testimonios que pudieran surgir de quienes hoy buscan beneficios jurídicos colaborando con fiscales estadounidenses.

Advertisement

Gobernadores.
Como si no fuera suficiente, también comenzó a circular la versión de una presunta investigación emprendida por autoridades estadounidenses contra gobernadores de oposición emanados del PRI, PAN y Movimiento Ciudadano; una narrativa que, casualmente, aparece justo cuando los reflectores están puestos sobre perfiles ligados a Morena; desde luego llama la atención el momento en el que surgen estas versiones, dando la impresión de que el objetivo es repartir culpas para disminuir el costo político del oficialismo. Porque mientras se habla de opositores, siguen presentes las especulaciones en torno a gobernadores morenistas como Américo Villarreal o Marina del Pilar, cuyos nombres han aparecido de forma recurrente en el debate político y mediático, alimentando dudas sobre si realmente podrían formar parte de listas o expedientes abiertos en el vecino país.

Desgaste.
Al final, todo esto parece responder a una estrategia desesperada desde Palacio Nacional para moldear una percepción distinta del momento político que atraviesa esta administración federal. Pretender distraer la atención no cambia los hechos, no elimina los señalamientos ni mucho menos modifica la incertidumbre que hoy pesa sobre Morena; porque aunque el aparato gubernamental intente imponer otros temas de conversación, la ciudadanía termina observando y sacando conclusiones. Y si algo enseña la política electoral, es que cuando la percepción de desgaste comienza a instalarse, resulta muy difícil revertirla.

Avatar photo
Egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García; conductor de los programas "El Pájaro Pregunta" y "Las Mañaneras del Pájaro"; columnista en el Órale Qué Chiquito.
Add a comment Add a comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Previous Post

Impulsa Otniel García capacitación legislativa para fortalecer trabajo en el Congreso

Next Post

El Terremoto de Los Chapitos: ¿Entrega o Reacomodo Estratégico?

Advertisement